2 agosto 2021

MEMORIA, PARA QUE NO VUELVA A OCURRIR

Compartimos con nuestros lectores la nota de Javier García, de Diario "Crónica", a 12 años de la tragedia que marcó la vida de muchos jóvenes y sus familias, cambió paradigmas de la sociedad argentina y se mantiene como una huella imborrable de lo que no puede volver a suceder.

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Viernes 30 de diciembre de 2016.

Memoria, para que no vuelva a ocurrir.

A 12 años de la tragedia de República Cromañón, aparece en el horizonte un nuevo enemigo de quienes sufrimos aquella fatídica noche en carne propia: el olvido. Hay que tener mucho cuidado para no dejar caer a lo que pasó el 30 de diciembre de 2004 en la telaraña eterna del pasado. Porque una cosa es que lo que pasó pertenezca al pasado, otra cosa muy distinta es pisarlo, olvidarlo, dejarlo atrás.

Doce años es muchísimo tiempo. Muchísimo. Vale rebobinar 12 años en la vida de cada uno para ver dónde estaban y dónde están. El paso del tiempo es inexorable y convierte a cualquier vivencia que te ocurra, por más fuerte, definitiva e inolvidable que sea, en recuerdo. Bueno, malo, pésimo, inolvidable. Recuerdo al fin. Una sombra pronto serás.

Para quienes estuvimos en Cromañón, es todo un ejercicio (a veces doloroso, a veces sorprendente) ver cómo para toda una generación lo que a nosotros casi les cuesta la vida, les ocupa media carilla en un trabajo práctico de la escuela, si es que ese establecimiento educativo decide hablar sobre el tema.

Y eso nos plantea a los sobrevivientes, familiares, amigos y a todos aquellos que hoy tienen, mínimo, 30 y pico de años, el ejercicio bastante bastardeado a veces de la memoria. Recordar es no olvidar. Recordar es, según su origen en el latín, volver a pasar por el corazón: Re (volver a...) Cor, Cordis (corazón). Y es necesario que lo que ocurrió aquella fatídica noche de 2004 siempre vuelva a pasar por ahí, por el alma, por la memoria, por los ojos y por los sentidos.

Si ese ejercicio llega a buen puerto, y a pesar de los años, a pesar de que las páginas de los diarios se van poniendo amarillas, de que los videos de la TV no son en Full HD y que todo parece pertenecer a un pasado que, definitivamente, para nosotros no fue mejor, si eso se consigue, seguramente todos estaremos más lejos de que esto vuelva a ocurrir.

Les regalaremos el enorme beneficio a esta generación y a las que le sucederán de no tener que volver a pasar por ello, de no tener que sentirlo, de no tener que sufrirlo.Cromañón es una marca indeleble en mi alma y en mi corazón. Los años siguen pasando, mi vida sigue cambiando y demás, todo eso es cierto. También lo es que necesito, yo y todos los sobrevivientes, yo y todos los que murieron, yo y todos los que estuvieron cerca que esto no se olvide.

Callejeros siempre cantó cosas increíbles. Siempre. Por eso me gustaban (y gustan) tanto, porque con sus letras conmovían fibras íntimas en mí y en varios miles de personas. En una de sus canciones, decían: “Si me cansé de olvidar, fue porque el olvido es la pastilla suicida”. Y en Cromañón ya hubo demasiada muerte como para sumarle el suicidio colectivo de un olvido que sólo garantizará que Cromañón nos vuelva a pegar, quizás de otra manera, quizás en otro lado, quizás en muchos años, pero con la misma furia inentendible, con esas muertes estúpidas que aún hoy duelen tanto.

Porque, como cantaba también Callejeros, “cuando duele, nunca, nunca, nunca se olvida”. Ayúdenme. Ayúdennos a no olvidar.