23 octubre 2021

MEMORIAS DE UNA NOCHE SIN RESPUESTAS

Viernes 15 de mayo de 2015.

 
Disculpen las expresiones y el mal inicio de lo que pretende ser una nota seria, pero “que noche de porquería, que noche de porquería…”.
Es que para los que nos gusta el fútbol, la jornada de ayer jueves fue diferente desde el mismo momento en que nos levantamos. El despertador –o mejor dicho, el despertador del celular-, suena de la misma manera de siempre, con ese rington que pusimos porque era nuestra canción favorita y ahora la odiamos; pero esta vez no nos molestó, porque sabemos que comenzaba un gran día (igual a muchos otros en realidad), pero que terminaría de una manera diferente, la mejor o la peor según la preferencia de colores, pero diferente… y eso no es poco.
El día de trabajo fue distinto, las chicanas, la cargadas entre los compañeros de oficina que entienden el folklore fueron atizando la ansiedad; hubo llamadas cruzadas con la gerenta del hogar (“la patrona”, decían antes), para coordinar detalles organizativos.
- ¿Qué comemos hoy?, preguntó, como pregunta todos los días, pero en esta oportunidad su consulta fue muy valiosa.
- Pochoclos, hacé pochoclos…!!, fue la respuesta; pero no a modo de cargada por ser hincha del equipo de la contra y como cargándola para quien se prepara para ver un espectáculo ya definido, sino porque pareció ser un alimento ideal para ingerir sin dejar de fijar la vista en la TV.0012647439
Después, más racional –unos 35 minutos después-, uno se acordó de que hay niños en la casa y que no era una buena cena, y entonces optamos por la heladera…, por la parte de afuera de la heladera, donde están pegados los imanes; si, claro, por el delivery…
Listo, llega la hora, todo organizado.
El laburo se terminó antes, nos rajamos todos. Llegamos a casa con la coordinación justa para recibir, después de dejar las llaves sobre la mesa, al pibe del delivery.
Tele prendida, la familia frente al sillón, gaseosas y empanadas, la tele al mango…
Arranca el partido y con él las preguntas de la gerenta de hogar sobre cómo se define esto; de la adolescente de la familia sobre si hoy está o no Tinelli, y del pequeño, que quiere ser futbolista, de quién es el capitán del equipo hoy.
Cuidadosamente uno reparte respuestas y un pedido de silencio. Se sufre y mucho, muchísimo.river1.jpg_241676493
Al término del primer tiempo, y con un resultado no esperado comienzan las cábalas. Nos cambiamos de lugar con el pequeño, nos cambiamos la ropa, barremos las miguitas, como siempre hacemos; no por fóbicos higiénicos y ansiosos de no poder esperar hasta el final del cotejo, sino por cabuleros…, y como si faltara algo cortamos la luz.
Sí. Bajamos la palanca, porque el domingo del superclásico por el campeonato, ante de los dos goles de Boca, se cortó la luz dos minutos.
Transcurridos los 45 iniciales y ante el griterío insoportable de la gerenta y la adolescente, que respectivamente acomodaban los trastos de la cena rápida y pispeaban en otro TV de la casa si estaba el energúmeno de Tinelli, llegó lo que todos sabemos…
La noche se arruinó definitivamente, el día también.

Se arruinó el fútbol, definitivamente; se arruinó totalmente la sociedad.

Mientras uno trataba de hallar respuestas a tanta barbarie, masticando de un costado del paladar la locura producida desde el plano futbolístico y desde el otro la social; se produjo también la necesidad de generar respuestas para las dudas “internas”.
- ¿Y ahora qué pasa, papi?, preguntó el futuro futbolista en potencia.
No hubo respuestas.
- ¿Quién tiene la culpa? ¿A quién tienen que sancionar? ¿Quién es el responsable de la organización? ¿Por qué esperaron tanto? Y otras diez preguntas de similar tenor formuló la gerenta de hogar, todas juntas, en una catarata….
No hubo respuestas.
Y finalmente, la del millón.
-¿Papá, y vos después no me dejás mirar a Tinelli porque decís que es una bajeza y una vergüenza?, dijo la adolescente de la casa.
Aquí sí hubo una respuesta contundente:
- Basta, nos vamos todos a dormir!!, se escuchó…
La contestación no fue explicativa, tampoco fue cordial, ni imperativa. No fue obedecida, no fue respetada… Pero que podía pretender; qué respeto esperaba…
Respeto, si es justamente lo que nos falta como sociedad. Estamos enfermos, muy enfermos.d_1431659238

Estamos tan locos, tan desquiciados que no somos capaces de organizar, cuidar, supervisar, asumir responsabilidades, roles, cargos y funciones para preservar lo que más nos gusta, el fútbol… el mismo fútbol que este día nos había hecho levantar de una manera diferente, a pesar de la rutina.

El mismo fútbol, que hoy nos hace apoyar la cabeza en la almohada con una amargura más intensa que la que podría haber generado en el día cualquier problema laboral.
Qué triste final de fiesta, que triste final de nuestro fútbol…
 
Juan De la Vía,
exclusivo para “La Trocha”.