Un equipo del Conicet y la empresa misionera Plastimi SRL trabaja en la creación de bolsas biodegradables elaboradas a partir de almidón de mandioca, un recurso regional que permitiría reemplazar insumos importados y reducir costos, además de aportar una alternativa más sostenible para la industria plástica.

Actualmente, la empresa importa desde Europa una resina basada en maíz para fabricar productos biodegradables, lo que encarece la producción y limita su escala. Con este proyecto, el objetivo es contar con un material propio, nacional y sustentable, aprovechando los recursos agrícolas disponibles en Misiones.
El convenio entre Conicet y Plastimi busca producir pellets, el insumo clave para bolsas y películas flexibles. Para eso se instaló en la planta industrial de Posadas una extrusora pelletizadora piloto capaz de generar entre 5 y 35 kilos por hora.
La elección de la mandioca no es casual: se trata de un cultivo estratégico para la economía misionera. Además, el empleo de aditivos derivados de subproductos forestales contribuye a reducir residuos de esa industria.
El proyecto incluye también el desarrollo de agroinsumos biodegradables, como las cubiertas vegetales usadas en cultivos de tomates o cannabis medicinal, materiales que hoy no se producen en el país. Avanzar en esa línea significaría un salto productivo clave.
Si la tecnología logra escalar, Argentina podría contar por primera vez con bioplásticos 100% locales, disminuyendo la dependencia de insumos importados y dando respuesta a la demanda mundial de alternativas que reemplacen los plásticos derivados del petróleo.



