La apertura importadora mantiene a raya los precios de los electrodomésticos, pero al mismo tiempo profundiza la caída de la producción nacional, que atraviesa uno de sus peores momentos.

El cierre de la planta de Whirlpool es el ejemplo más visible de un mercado que se abastece con productos del exterior mientras la industria local pierde terreno.
Según el INDEC, la producción manufacturera cayó 4,4% desde el inicio del Gobierno de Javier Milei, y 4,1% en comparación con noviembre de 2024, el punto más alto de la actual gestión. Dentro del sector, la fabricación de electrodomésticos se encuentra en mínimos históricos: un 23% por debajo del promedio 2016-2023, excluyendo el año de pandemia.
A diferencia de otros rubros afectados por la baja demanda interna, en este caso el factor decisivo es la liberalización del comercio. De acuerdo con la consultora Analytica, la demanda de electrodomésticos se mantiene elevada por el fuerte aumento del crédito y la desaceleración de los precios impulsada por el ingreso masivo de productos importados.
Entre enero y octubre de 2025, las importaciones de heladeras crecieron 387,1% y las de lavarropas 924,2% respecto del mismo período del año anterior. Estos volúmenes permitieron cubrir el mercado con precios más bajos, pero generaron un fuerte impacto en la industria argentina.
El estudio señala que, en la Ciudad de Buenos Aires, el precio promedio de los electrodomésticos aumentó apenas 78,4% desde noviembre de 2023, frente a una inflación general del 259,3%. Esto representa un abaratamiento relativo del 50% respecto del resto de la economía, convirtiendo al rubro en uno de los que más perdió valor en términos reales.
La contracara es el deterioro del empleo. Según la Secretaría de Trabajo, el sector perdió 1.316 puestos entre el último trimestre de 2023 y el primero de 2025, en un contexto de cierres de plantas, reducción de turnos y caída sostenida de la producción local.



