19 julio 2026

Argentina dio un paso importante para tener una vacuna contra la brucelosis porcina

Científicas del CONICET probaron una inmunización eficiente en ratones y así avanzan en una nueva estrategia para prevenir la brucelosis porcina, de fuerte impacto en la salud pública. 

La brucelosis es una zoonosis que afecta a cerdos y humanos en Argentina donde Brucella suis representa el 60 por ciento de los casos detectados - REUTERS/Rodolfo Buhrer/Archivo
Un equipo de científicas del CONICET dio un paso relevante en la búsqueda de una vacuna contra la brucelosis porcina, una enfermedad infecciosa de transmisión animal que representa un problema de salud pública y una carga económica considerable para la producción agropecuaria en Argentina.

La investigación, publicada en la revista Frontiers in Immunology, describe un enfoque experimental que utiliza estructuras liberadas por la propia bacteria para activar el sistema inmune y evitar la infección.

La brucelosis afecta a vacas, cabras, cerdos y también a seres humanos. Si bien existen vacunas para el ganado bovino y caprino, actualmente no hay inmunizaciones disponibles para porcinos ni para personas.

En este contexto, el avance logrado por investigadoras del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Buenos Aires (IIBBA, CONICET–Fundación Instituto Leloir) y del Instituto de Estudios de la Inmunidad Humoral (IDEHU, CONICET–UBA) abre una posible vía de prevención para una de las variantes más relevantes del agente infeccioso: Brucella suis.

“Este avance representa un paso importante hacia el desarrollo de una vacuna contra la brucelosis porcina, que podría ayudar a controlar la transmisión de la bacteria y reducir su impacto en la salud pública y la producción animal”, afirmó Magalí Bialer, investigadora del CONICET y primera autora del trabajo junto con Florencia Muñoz González, del IDEHU.

“Se probó nuestra vacuna a ver si era reconocido por el suero de los cerdos infectados. Finalmente, se determinó que en un hospedador naturalmente infectado, hay reconocimento de estos antígenos presentes en la vacuna, lo que significa un paso fundamental para futuros ensayos en animales y clínicos. La inmunogenicidad significa observar si se despierta una reacción de anticuerpos. Cuando se prueba la protección, hay que llevarlo a fase de ensayo animal.”, agregó Bialer.

La Brucella suis es la especie bacteriana que con mayor frecuencia se detecta en pacientes humanos con diagnóstico confirmado de brucelosis. Así lo explicó Mariana C. Ferrero, investigadora del CONICET, quien participó en la coordinación del estudio desde el IDEHU junto a Ángeles Zorreguieta, jefa del Laboratorio de Microbiología Molecular y Celular de la Fundación Instituto Leloir.

“En nuestra investigación estudiamos una proteína llamada MapB, presente en la membrana de la especie Brucella suis, que es clave para mantener la integridad de la envoltura celular de la bacteria y, por lo tanto, un posible blanco para nuevas estrategias de prevención”, señaló.

El enfoque que propone el grupo investigador no se basa en microorganismos inactivados ni en la bacteria viva atenuada. Utiliza una plataforma conocida como vesículas de membrana externa (OMVs, por sus siglas en inglés), pequeñas partículas que la bacteria libera en forma natural y que contienen fragmentos de su estructura. Estas vesículas permiten diseñar vacunas acelulares, es decir, inmunizaciones que no contienen al patógeno completo y que por esa razón no implican riesgo de provocar la enfermedad.

El proceso experimental incluyó el análisis comparado de OMVs obtenidas de dos cepas bacterianas: una convencional y otra genéticamente modificada para que no exprese la proteína MapB. El equipo vacunó a ratones con ambas formulaciones y luego los expuso a una infección simulada. Según describió Bialer, “la vacuna basada en las OMVs de la cepa modificada produjo una respuesta inmune más fuerte”. La eficacia se confirmó tras detectar una menor presencia de la bacteria en los animales inmunizados.

“Para evaluar la protección conferida por la vacuna, además expusimos a los roedores a la bacteria, simulando una infección real, y observamos que en los vacunados disminuyó el ingreso de Brucella”, explicó la experta microbióloga.

Una segunda parte del estudio evaluó si los componentes presentes en las OMVs eran reconocidos por el sistema inmune del hospedador natural. Para ello se utilizaron sueros de cerdos que habían contraído brucelosis en forma espontánea. “También analizamos sueros de cerdos que habían sido infectados naturalmente con Brucella suis y encontramos que reconocían los antígenos de las OMVs, lo que sugiere que contienen los componentes necesarios para activar el sistema inmunológico en el hospedador natural”, indicó Muñoz González.

Este tipo de estrategia vacunal se diferencia de los abordajes clásicos porque apunta a reproducir una señal biológica sin introducir al organismo completo. La ausencia de la bacteria entera reduce los riesgos asociados a una inmunización, sin comprometer la capacidad del sistema inmune para reconocer y neutralizar la amenaza.

“Estas OMVs pueden usarse como vacunas acelulares, es decir, que no poseen la bacteria completa y, entonces, no pueden causar la enfermedad”, precisó Bialer.