5 octubre 2023

SUCESOS POLICIALES, MORBO, COMENTARIOS, PERIODISMO… Y RESPETO

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Martes 1 de noviembre de 2016.

Suele escucharse por estas horas, repetitivamente, la frase “hay que vender, hay que vender…”; la que excede una mera cuestión económica y refiere a un mal puntual de estas épocas como es la “marketinización” de todos y cada uno de los aspectos de nuestras vidas, cuestión en la que las redes sociales han exacerbado todo y lo han llevado a la enésima potencia.
Como un ciudadano común suele sentirse “reconfortado” cuando una publicación suya cosecha muchos “me gusta”; lo mismo sucede, o suele suceder, con cierta parte del periodismo.
En la peligrosa moda de mirarse solamente el ombligo y “ser más, o menos” de acuerdo a la repercusión alcanzada por un artículo determinado, el periodismo actual suele pasarse del límite del buen gusto, incurriendo incluso en cuestiones que rozan la mentira al dar grandilocuencia a hechos que sustancialmente, no poseen peso propio alguno.
Para no entrar en terrenos escabrosos –al menos por el momento- citemos un ejemplo superficial que nos ayude a entender la tendencia. Es habitual, muy habitual en estos tiempos ver sitios informativos de la farándula “vender” (volviendo al concepto inicial) una noticia como si fuese una bomba a través del titular, y luego, cuando uno va al contenido de la misma, se encuentre con poco y nada de lo que se pretendía informar, aunque quizás aquí el término bien podría ser “comercializar”.
Trasladado esto a otros planos mucho más delicados, y al orden local, donde la frase “pueblo chico, infierno grande” se hace cada vez más profunda, todo se pone aún más complejo y ha superado límites que nos imponen a todos, comunicadores y lectores, la necesidad de reflexionar.
En la noche del lunes se conoció en nuestra ciudad un lamentable suceso, en el marco del cual un joven profesional habría adoptado la decisión de terminar con su vida.
Inmediatamente, cuando trasciende la noticia, el vecino común comienza a tejer todo tipo de conjeturas y especulaciones, poniéndose en un innecesario rol de investigador privado, pero sin salir de las cuatro paredes de su casa, o de su propia vereda.
Como justamente los límites no exceden este perímetro, tal actitud, sobre la cual cada uno puede tener su opinión, no deja de ser la confirmación de que el refrán de “pueblo chico…” no ha cambiado; pero de todas maneras se debe reconocer que esto no tiene mayor injerencia en la opinión pública y queda solo en el debatible plano del buen gusto y la responsabilidad personal.
Pero, en cambio, si este mismo proceder se traslada al periodismo y por ende a la masificación de una “noticia”, ya entramos en un plano donde la responsabilidad pasa a ser una cuestión “social”.
Concretamente, ante la trágica determinación de este joven, lamentablemente hay quienes decidieron actuar como vecinos que se juntan a conversar en sus propios hogares y no como periodistas.
Se trazaron novelas y hasta “adivinanzas” con una noticia delicada, donde no solamente hay una víctima de por medio, sino también una familia.
Pensando justamente en la situación que le toca vivir a cada familia ante sucesos de esta naturaleza, “La Trocha Digital” ha decidido no publicar este tipo de informaciones hasta tanto haya transcurrido un tiempo prudencial del suceso y basándose en el informe policial, de manera lo más escueta posible.
En este contexto, si bien resulta cierto que la actitud tomada por este medio puede ser contraproducente a sus objetivos periodísticos, donde la inmediatez en la cobertura de los distintos sucesos juega un rol importante; se prefiere sin dudas la responsabilidad y la solidaridad para con las familias de las víctimas.
No juega esta página el rol de Juez sobre la actitud que adopten los demás, aunque debe reconocerse que sueña con un debate profundo de todos los medios de la ciudad acerca de cuál debe ser el abordaje periodístico de determinadas cuestiones, ya que el varias veces referido en esta nota dicho popular de “pueblo chico” bien podría tener su punto final ahí mismo, sin el agregado de ningún infierno, ni pequeño, ni mediano ni mucho menos grande.
Si al fin y al cabo como en toda ciudad pequeña nos conocemos todos, respetémonos más que si fuésemos extraños. Al fin y al cabo no cuesta tanto, se entiende solo con ponerse del lado del que está sufriendo.

 

Juan de la Vía
La Trocha Digital.