Un vecino cuestiona la realidad actual de nuestra ciudad y plantea una punzante comparación entre el avance del calendario y las carencias estructurales que parecen detenidas en el tiempo.

Hace un rato escuché a alguien decir, mientras hacía un asado:
“Imaginate lo que era vivir en el campo hace 40 años.”
La verdad es que no hace falta imaginar nada. Lo estamos viviendo ahora mismo, en plena ciudad de Nueve de Julio, el 31 de diciembre de 2025.
Desde hace días, en muchos barrios el agua desaparece a media mañana. No llega a los tanques, no hay presión, no hay respuestas. Todo esto con temperaturas superiores a los 35 grados, en pleno verano, cuando el agua deja de ser un lujo y pasa a ser una necesidad básica, elemental, humana.
Como si eso fuera poco, hoy tuvimos tres cortes de luz: uno a la tarde, otro al atardecer y otro entrada la noche. Sin aviso, sin explicación clara, sin alternativas. En una fecha especial, con calor extremo, con familias enteras tratando de pasar el día como pueden.
Y cuando uno mira la ciudad, la postal es desoladora.
Calles destruidas, más de un bache por cuadra, pozos que nadie repara y que se multiplican. Basura acumulada porque hace meses que no pasan barrenderos. Una ciudad sucia, abandonada, que no parece una ciudad: parece un paraje olvidado.
Y cuando los trabajadores municipales están de paro (con reclamos más que justos) los vecinos quedamos en el medio.
Pagamos tasas, impuestos, servicios… y recibimos cada vez menos.
La indignación no es contra un solo actor.
Es contra el municipio, que no da respuestas.
Contra la Cooperativa, que no puede garantizar un servicio básico.
Contra ABSA, que no solo falla en el suministro de agua, sino que además deja calles destruidas sin reparar después de cada intervención.
Entonces la pregunta no es exagerada:
¿cómo sería vivir en 1800? ¿en 1900?
Sin luz.
Sin agua.
Con calles intransitables.
¿Querés una experiencia de viaje en el tiempo? Vení a 9 de Julio!!!
Tal vez no estemos por festejar 2026.
Tal vez estemos festejando 1826.
Esto no es una queja caprichosa.
Es un reclamo legítimo.
Porque una ciudad sin agua, sin luz y sin mantenimiento no es una ciudad.
Y porque acostumbrarnos a vivir así sería aceptar un retroceso que no merecemos.



