Día de la Enseñanza Agropecuaria: sembrar saber para cosechar futuro

Cada 6 de agosto se celebra en nuestro país el Día de la Enseñanza Agropecuaria. No es una fecha cualquiera. Es una oportunidad para detenernos a pensar en esas manos que enseñan a cuidar la tierra, a conocer los ciclos de la naturaleza y a trabajar con respeto lo que de ella nace.
La enseñanza agropecuaria no solo forma técnicos o profesionales: forma ciudadanos con los pies en la tierra. Nos recuerda que detrás de cada alimento que llega a nuestra mesa hay conocimiento, hay esfuerzo y, sobre todo, hay educación.
En cada escuela agrotécnica hay docentes que madrugan junto a sus alumnos, que no solo enseñan a sembrar o a criar animales, sino también a vivir con responsabilidad, solidaridad y compromiso con el entorno. Esos maestros y maestras rurales, muchas veces invisibilizados, hacen patria en aulas que huelen a campo, en talleres donde el saber se transmite con las manos, y en campos donde se aprende trabajando.
Celebrar este día es reconocer que la educación también crece en la tierra. Que en los pueblos y parajes de nuestro país hay jóvenes que eligen quedarse, trabajar y hacer producir su lugar. Que la enseñanza agropecuaria no solo es un camino para el desarrollo económico, sino también para el arraigo, la identidad y la dignidad.
Porque sembrar saber es la única forma de cosechar un futuro que sea verdaderamente nuestro.
La agronomía y la medicina veterinaria son dos disciplinas que en nuestro país están enlazadas por un origen común: el del Instituto Superior Agronómico Veterinario de la provincia de Buenos Aires, fundado el 6 de agosto de 1883 en Santa Catalina.
Por Ley del 30 de septiembre de 1868, el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, dispuso la creación de un Instituto Agrícola. Es así que se adquirió el establecimiento Santa Catalina en Lavallol. Dicho establecimiento comenzó a funcionar como una escuela para niños huérfanos, a cargo del Ingeniero Agrícola Don Eduardo Olivera, quien fuera egresado de la Escuela de agricultura de Grignon (Francia). La escuela funcionó durante ocho años, cerrándose por falta de inscriptos.
Posteriormente en el año 1881, se promulgó la Ley 1424, que diera origen al Instituto Agronómico Veterinario de Santa Catalina, contando con diecisiete alumnos internos. Al año siguiente se inscribieron cincuenta y un alumnos internos, por lo que hubo necesidad de ampliar el número de profesores.
Son dos ciencias estrechamente vinculadas a la actividad rural y el desarrollo de la agricultura y ganadería, la agronomía y la veterinaria cuentan hoy en día con un número importante de facultades especializadas -tanto oficiales como privadas- que preparan profesionales capaces de dirigir, ordenar y encauzar las problemáticas del campo y sus industrias derivadas.



