Un estudio de la Unidad de Género del Ministerio de Economía de la provincia de Buenos Aires advierte sobre un escenario preocupante para los jóvenes, marcado por la precariedad laboral, la interrupción de estudios y una autonomía cada vez más postergada.

El informe revela que el 75% de los jóvenes entre 18 y 29 años no cursa estudios terciarios y enfrenta una inserción laboral atravesada por altos niveles de informalidad. Esta situación impacta directamente en sus trayectorias de vida, ya que solo una minoría logra compatibilizar trabajo y formación académica.
Uno de los puntos más críticos es que las condiciones del primer empleo suelen dificultar la continuidad educativa. Apenas el 15% de los jóvenes consigue sostener ambas actividades, mientras que el resto se ve obligado a abandonar sus estudios ante la necesidad de generar ingresos.
El trabajo también evidencia fuertes desigualdades de género. El porcentaje de mujeres que no estudia ni trabaja casi duplica al de los varones, y además ellas dedican más del doble de tiempo a tareas de cuidado no remuneradas.
En términos educativos, el contexto socioeconómico resulta determinante: tres de cada diez jóvenes no terminaron el secundario, cifra que aumenta a cuatro de cada diez en los sectores de menores ingresos, donde la necesidad de ingresar tempranamente al mercado laboral limita las oportunidades de formación.
El informe introduce además el concepto de “efecto cicatriz”, que describe cómo las primeras experiencias laborales en condiciones de informalidad o desempleo afectan a largo plazo las posibilidades de acceder a trabajos de calidad y mejores ingresos.
En este escenario, el comercio aparece como la principal puerta de entrada al mundo laboral, aunque con niveles de informalidad cercanos al 60%. En contraste, sectores más estables como educación, salud o la administración pública presentan mayores barreras de acceso para los jóvenes.
Como consecuencia, la independencia económica también se retrasa. Seis de cada diez jóvenes continúan viviendo con sus padres, una tendencia que se profundiza entre los 25 y 29 años. Esta situación no responde solo a factores culturales, sino a empleos inestables, ingresos insuficientes y dificultades crecientes para acceder a la vivienda, en un contexto de fuerte aumento de los alquileres.
El estudio traza así un panorama complejo, donde la precariedad y la falta de oportunidades impactan de lleno en el presente y condicionan el futuro de toda una generación.



