Apenas comenzaron a caer las primeras hojas y en distintos sectores de la ciudad ya se repite una escena que genera malestar: la quema de hojas y residuos domiciliarios en veredas, patios y terrenos.

Lejos de tratarse de casos aislados, vecinos advierten que la práctica se vuelve cada vez más frecuente, incluso cuando todavía no llegó la etapa más intensa del otoño, donde la acumulación de hojas suele ser mayor. La preocupación es concreta: si el problema ya se hace visible ahora, el escenario podría agravarse en las próximas semanas.
El humo invade calles y viviendas, se filtra por puertas y ventanas y obliga a quienes viven cerca a soportar olores persistentes y molestias que afectan la vida cotidiana. A esto se suma el riesgo que implica encender fuego en espacios urbanos, especialmente en jornadas con viento.
Pero hay un dato clave que agrava la situación: no se trata solo de una mala costumbre. En el partido de 9 de Julio, la quema de hojas, ramas o residuos está expresamente prohibida por la Ordenanza Nº 4452, una normativa vigente desde hace años que busca prevenir riesgos ambientales y sanitarios.
Sin embargo, en la práctica, la prohibición parece diluirse frente a hábitos arraigados. La decisión individual de prender fuego para “limpiar” termina teniendo consecuencias colectivas, afectando a vecinos que nada tienen que ver con esa conducta.
En este contexto, distintas campañas a nivel global apuntan a erradicar este tipo de prácticas. El Día Internacional de Cero Desechos, impulsado por Naciones Unidas y celebrado cada 30 de marzo, promueve alternativas sostenibles y desalienta acciones contaminantes como la incineración de residuos.
Mientras tanto, en la escala local, la reiteración de estas situaciones vuelve a poner en evidencia un punto central: la convivencia urbana no depende únicamente de normas o controles, sino también del compromiso cotidiano de cada vecino. Cuando ese equilibrio se rompe, el impacto se siente en toda la comunidad.



