El precio de los combustibles volvió a subir con fuerza en marzo en la Argentina, en un contexto atravesado por la tensión internacional y una estructura local que amplifica los incrementos. Según datos difundidos el ajuste ronda el 20% en el mes, aunque gran parte del impacto está explicado por la carga impositiva interna.

El aumento se produjo en paralelo al salto del barril de petróleo Brent, que superó los 100 dólares por el conflicto en Medio Oriente, aunque posteriormente volvió a ubicarse por debajo de ese nivel. Sin embargo, esa baja internacional no se trasladó a los surtidores locales.
En la práctica, llenar un tanque promedio en el país ya ronda los 100.000 pesos, reflejando un encarecimiento sostenido que supera ampliamente la inflación general. En el último año, los combustibles acumularon subas del 63,6%, casi el doble del índice de precios al consumidor.
Uno de los puntos centrales del debate es la composición del precio. De acuerdo a un informe de Focus Market, el 46,6% del valor final corresponde a impuestos: 41,5% son nacionales, 3% provinciales y 2,1% municipales.
Sobre un litro de nafta a $2.000, aproximadamente $365,56 corresponden a carga impositiva, principalmente por el IVA y tributos específicos. El resto —unos $1.634— constituye el valor base del combustible.
Ese esquema explica por qué las subas internacionales suelen trasladarse rápidamente al precio local, mientras que las bajas no tienen el mismo efecto. La estructura tributaria y los componentes fijos del precio dificultan que los consumidores perciban alivios cuando el crudo retrocede.
En cuanto al destino de los impuestos, los fondos se distribuyen entre el Tesoro Nacional, organismos como ANSES, infraestructura hídrica, el FONAVI y partidas destinadas a vialidad y obras energéticas, tanto a nivel nacional como provincial.
Así, el precio de la nafta no solo refleja el contexto internacional, sino también una pesada carga interna que condiciona su evolución y mantiene la presión sobre el bolsillo de los usuarios.



