3 junio 2026

Memoria de los oficios: el zapatero remendón, un arte que resiste

Hubo un tiempo en que cada barrio tenía su zapatero. El ruido seco del martillo sobre la horma, el olor a cuero recién cortado y la vidriera con suelas colgando formaban parte del paisaje cotidiano de 9 de Julio. Hoy, ese oficio que supo ser imprescindible sobrevive a fuerza de vocación: en la ciudad quedan apenas dos o tres zapateros remendones en actividad.

 

El zapatero no solo arreglaba zapatos. Cambia tapa, cose suelas, reemplaza cierres, estira cuero, tiñe, pega y hasta “revive” ese par querido que parecía condenado al fondo del placard. En épocas donde el calzado es costoso y duradero, el remiendo era una inversión lógica. Nada se descarta sin antes intentar salvarlo.

La lógica del consumo rápido fue empujando al oficio hacia los márgenes. Los materiales sintéticos, la producción en serie y los precios accesibles hicieron que muchas personas optaran por comprar en lugar de reparar.

A eso se sumó la falta de recambio generacional: pocos jóvenes aprendieron el oficio y muchos talleres cerraron cuando sus dueños se jubilaron.

Sin embargo, quienes aún mantienen la persiana levantada sostienen algo más que un medio de vida. Conservan un saber artesanal que requiere paciencia, precisión y conocimiento de materiales.

Cada arreglo es distinto, cada cliente trae una historia, cada par de zapatos tiene su desgaste particular.

En 9 de Julio, los pocos zapateros que siguen trabajando lo hacen, en muchos casos, con clientela fiel.

Son vecinos que valoran la calidad del arreglo, el trato personalizado y la posibilidad de extender la vida útil del calzado. También llegan encargos más complejos que ya no se consiguen en cualquier lado: botas de trabajo, zapatos de cuero legítimo, arreglos especiales.

El zapatero remendón representa una época donde reparar era parte de la cultura cotidiana. Donde el tiempo invertido en arreglar algo tenía sentido y donde el oficio era sinónimo de respeto y reconocimiento social.

Hoy, con apenas dos o tres talleres activos en la ciudad, el martillo suena menos que antes. Pero cada golpe sobre la horma sigue marcando una resistencia silenciosa: la de los oficios que se niegan a desaparecer.

La serie “Memoria de los oficios” continúa así su recorrido por esas profesiones que construyeron identidad en 9 de Julio y que, aunque más silenciosas, todavía laten en algún rincón del distrito.

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