En menos de dos años, una familia bonaerense quedó atravesada por una seguidilla de muertes que parecen desafiar toda lógica. Dos hechos trágicos, sin relación entre sí, ocurridos en escenarios muy distintos, terminaron enlazados por un mismo resultado devastador y dejaron una herida imposible de cerrar.

La primera tragedia ocurrió durante unas vacaciones familiares en Brasil. Rodrigo Weinbender tenía 22 años cuando el mar se volvió amenaza. Su madre y su hermana menor quedaron atrapadas por un fuerte oleaje y, sin dudarlo, Rodrigo se arrojó al agua junto a su padre para intentar rescatarlas. Logró salvarlas, pero él no pudo regresar. Su cuerpo fue hallado sin vida poco después. Murió ahogado, dejando a su familia marcada para siempre por un acto de amor extremo.
Veintidós meses después, cuando la vida parecía intentar recomponerse, llegó el segundo golpe. En la Ruta 2, a la altura de Lisandro Olmos, Gustavo Weinbender, de 54 años, viajaba en motocicleta junto a su hija Morena, de 17. El hombre, que había sobrevivido a aquel rescate en Brasil, se dirigía a Chascomús mientras evaluaba una oportunidad laboral que implicaba empezar de nuevo. El choque contra un automóvil fue violento: Morena murió en el acto y Gustavo falleció poco después, desangrado, mientras aguardaba atención médica.
La conmoción se extendió especialmente en Coronel Suárez y en las comunidades de descendientes de alemanes del Volga, donde residen familiares cercanos. Gustavo fue despedido en el cementerio de Pueblo San José, en un sepelio atravesado por el dolor y el acompañamiento de vecinos y allegados. El conductor del auto involucrado fue imputado por doble homicidio culposo y la causa judicial sigue su curso.
Mar y ruta, agua y asfalto. Dos tragedias separadas por menos de dos años que terminaron llevándose a tres integrantes de una misma familia. No hay explicación posible que alcance para comprender semejante acumulación de pérdidas. Hoy queda una madre atravesada por un dolor absoluto y una historia que no necesita adornos: el simple orden de los hechos alcanza para dimensionar cómo, a veces, el azar parece ensañarse más de una vez.



