A pesar de la reciente sanción de una ordenanza específica y de los operativos realizados durante las últimas semanas, los reclamos de vecinos por ruidos molestos y maniobras peligrosas protagonizadas por motociclistas continúan siendo una constante en distintos puntos de la ciudad.

La persistencia del problema deja al descubierto dos cuestiones centrales: por un lado, la efectividad y la intensidad real de los controles; y por otro, la falta de toma de conciencia de quienes aún no comprenden el daño que estos comportamientos generan.
En ese marco, la subsecretaría de Seguridad y Tránsito de la Municipalidad de Nueve de Julio informó semanas atrás el secuestro de motocicletas por infracciones a las normativas vigentes, entre ellas la circulación sin documentación obligatoria, el uso de escapes adulterados, la conducción temeraria y la circulación en grupo o “en manada”, prácticas comúnmente asociadas a las denominadas “hordas”, fenómeno que motivó la creación de la nueva ordenanza; pero los reclamos de los vecinos persisten.
Desde el área se recordó que la responsabilidad recae sobre quien conduce el rodado, su propietario o, en el caso de menores de edad, sobre sus progenitores. La normativa contempla además el endurecimiento de las sanciones, con la triplicación de las multas y el secuestro de los motovehículos no solo durante operativos, sino también cuando se encuentren estacionados. A esto se suma una inhabilitación por dos años para los responsables de las infracciones; pero tampoco fue suficiente.
La ordenanza incorpora asimismo un régimen de “probation”, que obliga a quienes incumplan la ley a realizar tareas comunitarias, y prevé la inclusión de los infractores en un registro oficial de tránsito. Esta condición impedirá el acceso a cualquier tipo de asistencia social municipal, pero, valga la paradoja, los responsables hacen justamente lo contrario a los escapes de sus motos: "oídos sordos".
De esta manera, más allá del marco legal y de las medidas anunciadas, los vecinos siguen denunciando ruidos excesivos y situaciones de riesgo, recordando que estos escapes no solo son molestos, sino también perjudiciales para la salud y tan peligrosos como las maniobras temerarias que suelen acompañarlos.
Una realidad que vuelve a poner en debate no solo la necesidad de controles sostenidos, sino también un cambio cultural profundo para erradicar prácticas que alteran la convivencia y ponen en riesgo la seguridad vial.



