Reconocer un error y dar la cara públicamente es una actitud que no siempre abunda, pero que habla de compromiso y responsabilidad. En ese marco, los Bomberos Voluntarios de 9 de Julio difundieron un pedido de disculpas tras el uso de pirotecnia durante el desfile navideño realizado en la noche del 25 de diciembre, un hecho que generó malestar en parte de la comunidad.

El episodio, que se dio en un contexto festivo y con la participación de diversas instituciones locales, no logró opacar el reconocimiento al trabajo diario que los Bomberos realizan al servicio de la ciudad. Sin embargo, sí volvió a encender un debate necesario sobre los efectos de la pirotecnia sonora y la importancia de cumplir con las normativas vigentes, especialmente en eventos públicos.
A través de un comunicado oficial, la institución explicó que el material utilizado había sido solicitado bajo la condición de ser lumínico y sin ruido, pero que una confusión en la entrega derivó en el uso de elementos que no cumplían con lo acordado.
Lejos de esquivar la situación, los Bomberos asumieron la responsabilidad y expresaron sus disculpas de manera pública.
El texto difundido señala:
“Queremos expresar nuestras más sinceras disculpas a la comunidad por el uso de fuegos artificiales durante el desfile navideño.
Los fuegos artificiales fueron adquiridos bajo la especificación de ser lumínicos, sin ruido. Sin embargo, al recibir el pedido, se entregaron dos cajas distintas, lo que generó una confusión que lamentablemente derivó en el uso de material que no cumplía con lo acordado.
Entendemos las molestias que esta situación pudo haber causado y asumimos plenamente la responsabilidad. En ningún momento fue nuestra intención afectar a los vecinos, a las familias, ni a las personas sensibles al ruido.
Agradecemos la comprensión y reafirmamos nuestro compromiso de extremar los controles para que una situación similar no vuelva a ocurrir.”

Más allá del error puntual, el hecho deja una enseñanza que excede a una sola institución. La pirotecnia sonora sigue teniendo consecuencias reales sobre animales, personas con trastorno del espectro autista y vecinos sensibles al ruido, por lo que resulta indispensable reforzar la información, la planificación previa y la coordinación entre quienes organizan este tipo de eventos y las autoridades competentes.
En tiempos donde muchas veces se elige el silencio o la justificación, reconocer una equivocación y pedir disculpas sigue siendo un gesto que merece ser destacado.
Asumir errores no debilita: fortalece, y contribuye a construir una convivencia más empática y responsable.



