19 julio 2026

La pandemia silenciosa que afecta a los adolescentes y que crece con aval de todos

El acceso a juegos de supuesto azar, a las apuestas ilegales crece con muy poca capacidad de control. Datos que alarman, aval estatal con bajos ingresos y denuncias que se suman.

El impacto es tan grande que se resignificó una de las palabras más virtuosas para la infancia y la adolescencia; o incluso para la vida. Jugar ya no es divertirse, ser “niño”. Es, casi por antonomasia, apostar, acceder a alguna plataforma desde el celular, poner en manos del supuesto azar y simular conocimiento, suerte y búsqueda de gratificación. Timba en su mejor expresión y al alcance de los dedos de la mano; 24 horas y sin limitaciones.

Lo dicen los ídolos de la selección argentina campeona del mundo que invitan a jugar, pero no al fútbol, y los amigos en los grupos de whatsapp. Lo promueven desde el Estado que promociona las apuestas, hasta los padres que, de manera directa o por omisión, potencian esos estímulos.

La apertura al mundo de las apuestas por dinero y sus consecuencias es una de las pandemias a las que están expuestos los niños y adolescentes hoy. El término pandemia está tomado con una licencia semántica amplia y no con precisión médica. Pero hay consenso sobre esas consecuencias por la altísima exposición, la enorme promoción, la fragilidad de los controles parentales y estatales y la gran capacidad de adaptación de una industria que gira alrededor de la fantasía de “ganar” y que tiene objetivos bien tangibles y menos sanos que el viejo término “jugar”.

El principal argumento es que las apuestas igual existen y que así se permite una regulación de parte del propio Estado. Obviamente esa regulación alcanza a las páginas autorizadas, que están bajo el dominio “bet.ar”, pero no a las ilegales. Y lo que entra en el terreno gris es cuánto aumenta la promoción de las apuestas con la legalización y su efecto derrame: se promocionan las páginas legales, pero la onda expansiva también genera un impacto positivo sobre las páginas ilegales y los sistemas fuera de regulación. El bombardeo es de alcance inconmensurable.

En el caso de las páginas ilegales el universo parece difícil de abarcar porque si son de dominio .com, quedan más lejos del alcance. Peor aún con la triangulación y los intermediarios o "cajeros", que administran el vínculo entre el dinero que se recauda y la página donde se hacen las apuestas. Allí hay otros actores relevantes que no terminan de hacerse cargo de su rol: las plataformas de pago que permiten "acceso al mundo económico y financiero" de los niños, pero los expone con su vulnerabilidad.

No hay azar detrás del mundo de las apuestas virtuales y los mecanismos de manipulación no se restringen a los casinos online, sino a los juegos. Allí, por ejemplo, se usan las mismas estrategias que los casinos para generar dependencia y atracción. Una de ellas es el azar disimulado. “Boxes” o cajas de sorpresa, premios aleatorios, que tienen una programación determinada para simular la sensación de ganancia. “Está totalmente tocado y estipulado por la programación para determinar cuántos y cuánto queremos que ganen o cómo llevarlo por un camino para que en algún momento ponga más plata”, explicó un programador a MDZ. En el detrás de escena, donde se planifican los juegos, hay tres definiciones de azar: el azar real, que casi no existe; el azar que el usuario construye imaginariamente y el “azar programado” por los desarrolladores; el que hace facturar. Hacer que los usuarios gasten plata es el único objetivo. Allí no se ven rostros, pero sí se evalúan perfiles. “El que gasta, que gaste más y el que no paga, hacerlo pagador. No se evalúa éticamente lo que ocurre. No ves a la persona como ser humano, sino como un número en una planilla”, agregó el especialista. “El objetivo es que la gente se entretenga lo suficiente para que no se den cuenta que le estás metiendo la mano en el bolsillo”, agrega.

 

Fuente: MDZ