La decisión de avanzar con la extracción de los “repollitos de agua” y algas que habían cubierto gran parte del espejo de agua del Parque General San Martín fue recibida con marcado beneplácito por la comunidad nuevejuliense, que rápidamente hizo sentir su opinión en las redes sociales de los distintos medios locales donde se publicó la noticia, aunque marcando la necesidad de un mantenimiento permanente y otras obras que lo potencien aún más.

Comentarios cargados de nostalgia, afecto y preocupación por el estado del principal paseo público de la ciudad dejaron en claro algo que atraviesa generaciones: el Parque sigue ocupando un lugar especial en el sentimiento colectivo de los vecinos.
La recuperación visual de la laguna no solamente fue interpretada como una mejora estética, sino también como un gesto de cuidado hacia uno de los espacios más emblemáticos de Nueve de Julio.
En los últimos meses, distintos informes y publicaciones habían alertado sobre el avance de las algas en el espejo de agua y el deterioro del paisaje habitual del lugar. I
La recuperación de la denominada “cosechadora de algas” permitió comenzar con las tareas de limpieza, una herramienta que históricamente fue incorporada justamente para preservar el lago y sostener su equilibrio.
Pero más allá de la intervención puntual, lo sucedido deja también un mensaje de fondo para las autoridades de turno. El fuerte acompañamiento vecinal demuestra que el Parque General San Martín no es un espacio más dentro de la ciudad, sino un verdadero símbolo de identidad local que necesita políticas permanentes de preservación, mantenimiento y puesta en valor.
En ese sentido, muchos vecinos coinciden en que el Parque debe seguir creciendo como ámbito de encuentro familiar y recreación, no solamente sosteniendo el cuidado de la laguna y sus espacios verdes, sino además incorporando nuevas alternativas para el disfrute comunitario.
Incluso, vuelve a aparecer entre las propuestas la posibilidad de reabrir de manera controlada el paseo vehicular interno durante los fines de semana, bajo horarios específicos, circulación supervisada y normas claras de convivencia, recuperando así una postal histórica muy ligada a generaciones de nuevejulienses que disfrutaban recorrer el Parque en familia.



