La situación de la Ruta Nacional 5 vuelve a generar preocupación entre vecinos, transportistas y usuarios habituales tras confirmarse el cambio de concesión del corredor vial, la inminente vuelta de peajes y las crecientes dudas sobre el futuro de la demorada autovía.

La nueva concesión quedó en manos de una empresa de origen mendocino, que asumió formalmente el mantenimiento de la traza por un período de 20 años. El cambio de administración abre una nueva etapa para uno de los corredores más transitados y cuestionados del país, especialmente en el tramo bonaerense.
Uno de los primeros puntos que ya comenzó a despertar malestar es la confirmación de la reactivación de las cabinas de peaje ubicadas en Gorostiaga, en el kilómetro 141, que volverán a funcionar junto con otra estación instalada en territorio pampeano.
La noticia genera críticas entre conductores y usuarios frecuentes, especialmente por el estado actual de la ruta y la falta de avances visibles en materia de infraestructura y seguridad vial.
En paralelo, persisten las incógnitas sobre la paralización de la esperada obra de la autovía sobre la Ruta 5. Si bien en los últimos meses se había atribuido el freno exclusivamente al recorte nacional de obra pública, en el sector comenzaron a circular otras versiones técnicas vinculadas a problemas de calidad detectados durante inspecciones de Vialidad Nacional.
Según trascendió, auditorías realizadas sobre materiales utilizados en algunos sectores habrían arrojado resultados negativos, obligando a detener trabajos y rehacer determinados tramos ya ejecutados.
A pesar de la paralización, en la zona todavía permanecen obradores y maquinaria, lo que alimenta especulaciones sobre una eventual reactivación futura de la obra, aunque por el momento no existen certezas concretas.
Otro de los aspectos que más alarma genera es el crecimiento sostenido del tránsito pesado sobre la Ruta 5, particularmente por el movimiento logístico vinculado al desarrollo de Vaca Muerta.
Transportistas y usuarios advierten que el caudal de camiones aumentó de manera exponencial en los últimos años, provocando un desgaste acelerado de la calzada y elevando considerablemente el nivel de riesgo vial.
La combinación de obras inconclusas, deterioro del asfalto, tránsito intenso y falta de infraestructura adecuada vuelve a poner en el centro del debate el estado de una ruta donde los accidentes fatales se repiten con preocupante frecuencia.
Mientras tanto, la sensación entre quienes recorren diariamente la Ruta 5 es cada vez más marcada: más peajes, más camiones y menos certezas sobre cuándo llegará finalmente una solución de fondo para uno de los corredores más importantes del país.



