Con un mensaje directo, crudo y cargado de autocrítica hacia el propio sector agropecuario, la productora y dirigente rural Patricia Gorza publicó una fuerte reflexión en sus redes sociales en medio de la creciente preocupación por el deterioro de los caminos rurales y la crisis de conectividad que atraviesan muchas zonas productivas.

La dirigente puso el foco en una realidad que, según expresó, se repite desde hace años en el interior profundo: la facilidad para cuestionar desde afuera y la dificultad de asumir el desgaste que implica involucrarse en espacios colectivos.
“En el agro hay una costumbre bastante argentina: todos saben exactamente qué habría que hacer… siempre y cuando lo haga otro”, lanzó Gorza al comienzo de una publicación que rápidamente generó repercusiones entre productores y vecinos rurales.
En su descargo, describió una postal cada vez más frecuente en la ruralidad: caminos convertidos en pantanos, producciones imposibles de sacar, chicos que no pueden llegar a la escuela y demoras en servicios esenciales como ambulancias o asistencia sanitaria.
“Cuando vivir en el campo empieza a sentirse más como una condena que como una elección”, expresó, sintetizando el desgaste que atraviesan muchas familias rurales.
La publicación también confirmó el impulso para avanzar con un Consorcio de Caminos Rurales, una herramienta que distintos sectores agropecuarios vienen planteando como alternativa frente al deterioro de la infraestructura vial rural.
“Sí, puede salir mal. Claro que puede, pero peor de lo que estamos, difícil”, sostuvo la dirigente, marcando el nivel de hartazgo que existe entre quienes todavía apuestan por permanecer y producir en el interior.
En otro de los tramos más duros del texto, Gorza advirtió sobre el progresivo vaciamiento de la ruralidad: tambos que cierran, productores que abandonan y jóvenes que dejan de proyectar su futuro en el campo.
“Cada productor que abandona, cada familia que se va, cada tambo que cierra, cada joven que siente que no tiene futuro acá, es un pedazo de país que se apaga en silencio”, escribió.
La reflexión también apuntó contra la desvalorización de la participación institucional y el desgaste que sufren quienes ocupan espacios de representación. “La representación no aparece por generación espontánea. Si las personas honestas y dispuestas a soportar el desgaste abandonan los espacios colectivos, alguien los ocupa igual. Y generalmente no son los mejores: son los más interesados”, remarcó.
El mensaje cerró con una fuerte definición política y social sobre el presente del sector rural: “Tal vez el problema no sea la falta de gente capaz, tal vez el problema sea que hace demasiado tiempo confundimos compromiso con conveniencia y crítica con participación”.



