Lo que ocurre en la localidad santafesina de Bigand no es un caso aislado. Por el contrario, expone con claridad un problema que se replica en ciudades de todo el país, entre ellas 9 de Julio: los ruidos molestos generados por motos con escapes libres, una práctica cada vez más extendida y difícil de controlar.

Cansados de la situación, vecinos y autoridades de Bigand decidieron avanzar con una respuesta de fondo. Bajo el lema “Recuperemos la paz”, el Municipio lanzó un plan integral de convivencia ciudadana que apunta directamente a erradicar este tipo de conductas, con sanciones severas, controles reforzados y participación activa de la comunidad.
La iniciativa surgió tras una convocatoria abierta impulsada por la intendenta Natalia Valeri, que permitió relevar las principales preocupaciones de los vecinos. Entre todas, la contaminación sonora encabezó el listado. A partir de ese diagnóstico, se avanzó en la elaboración de un nuevo Código de Convivencia, acompañado por medidas concretas para su cumplimiento.
Desde el Ejecutivo local fueron contundentes: la etapa de concientización quedó atrás y ahora se aplicarán sanciones estrictas contra quienes generen ruidos innecesarios, ya sea mediante escapes adulterados, música a alto volumen o pirotecnia.
Uno de los puntos más destacados del plan es la posibilidad de realizar denuncias de manera completamente anónima, además del uso intensivo de cámaras de seguridad y la articulación con fuerzas policiales para intervenir en tiempo real. Incluso, se habilitó el secuestro de vehículos en infracción, en el marco de un convenio con el Ministerio de Justicia y Seguridad de Santa Fe.
El planteo no solo pone el foco en la infracción, sino en el impacto directo sobre la calidad de vida. La pérdida de la tranquilidad, las alteraciones del descanso y los efectos sobre la salud son parte de un problema que ya dejó de ser menor.
En ese contexto, la experiencia de Bigand vuelve a poner sobre la mesa una discusión necesaria en 9 de Julio. Los operativos de tránsito y controles existen, pero el crecimiento sostenido de estas prácticas plantea el desafío de ir un paso más allá, con herramientas más integrales y una política sostenida en el tiempo.
El reclamo vecinal es conocido y se repite en distintos barrios. La pregunta que empieza a instalarse es si ha llegado el momento de avanzar hacia un esquema más firme, que combine control, sanción y participación ciudadana, tomando como referencia iniciativas que ya están en marcha en otras localidades.



