18 julio 2026

La tecnología que avanza y los mayores que quedan afuera

En un mundo cada vez más atravesado por pantallas, aplicaciones y códigos QR, hay una realidad que avanza en silencio: miles de adultos mayores quedan al margen de la vida cotidiana, no por falta de voluntad, sino porque el ritmo del cambio los deja atrás.

 

Comprar un medicamento, pagar un servicio, sacar un turno médico o simplemente acceder a un descuento ya no es tan simple como antes. Hoy, muchas de esas acciones requieren manejar un celular, escanear un código o interactuar con plataformas digitales como WhatsApp, que para gran parte de la población resultan intuitivas, pero para otros representan una barrera difícil de atravesar.

La escena se repite: personas mayores frente a una pantalla, dudando, esperando ayuda o directamente resignándose. No es falta de interés. Es, muchas veces, falta de herramientas, de acompañamiento o de tiempo para adaptarse a un cambio que fue demasiado rápido.

La digitalización trajo avances indiscutibles. Simplificó procesos, agilizó trámites y amplió posibilidades. Pero también generó una nueva forma de exclusión: la de quienes no logran seguirle el ritmo. En ese escenario, los adultos mayores aparecen como uno de los sectores más vulnerables.

La desaparición progresiva de alternativas presenciales o analógicas —ventanillas, atención personalizada, pagos en efectivo— profundiza esa brecha. Lo que antes era una opción, hoy muchas veces es la única vía. Y quien no puede usarla, queda afuera.

Detrás de cada código QR hay una decisión. Detrás de cada app obligatoria, una forma de organizar la vida social y económica. La pregunta que empieza a instalarse es si ese modelo contempla a todos o si, en su avance, deja a algunos en el camino.

No se trata de rechazar la tecnología, sino de pensarla con inclusión. De garantizar que existan caminos alternativos, de promover la alfabetización digital, de acompañar con paciencia y empatía.

Porque el progreso no debería medirse solo en velocidad, sino también en capacidad de incluir. Y en ese desafío, la sociedad tiene una deuda pendiente: no olvidar a quienes, durante años, construyeron el mundo que hoy se digitaliza sin mirar atrás.