19 julio 2026

Memoria de los oficios: el silbido del afilador que recorría las calles

Cada semana, “Memoria de los oficios” vuelve sobre esas postales que marcaron la identidad de Nueve de Julio. Oficios que no figuraban en grandes carteles, pero que eran parte esencial de la vida cotidiana. Esta vez, el protagonista es el afilador ambulante, aquel personaje inconfundible que anunciaba su llegada con una melodía aguda y persistente.

 

Antes de que existieran los descartables y cuando cada herramienta tenía valor y duración, el afilador era visita obligada.

Su bicicleta —muchas veces adaptada con una piedra giratoria y un pequeño banco— avanzaba despacio por las calles de tierra o de asfalto caliente, mientras la flauta metálica lanzaba ese sonido que obligaba a asomarse a la puerta. No hacía falta verlo: el silbido era su carta de presentación.

En las casas lo esperaban cuchillas, tijeras, cuchillos de cocina, máquinas de cortar el pelo y hasta herramientas de campo. En las carnicerías y peluquerías su paso era casi un ritual.

El trabajo se hacía en la vereda, con precisión y paciencia, entre chispas breves y el olor a metal caliente. Los chicos miraban fascinados cómo la piedra giraba y devolvía filo y utilidad a objetos que parecían gastados.

El afilador no solo ofrecía un servicio: representaba una época en la que reparar era más común que reemplazar.

Su presencia hablaba de un tiempo donde el consumo era medido y los oficios se transmitían de generación en generación. Muchos recuerdan todavía aquel sonido inconfundible perdiéndose en la esquina, como una melodía que marcaba el ritmo del barrio.

Hoy, el silbido casi no se escucha en Nueve de Julio. Las bicicletas adaptadas casi desaparecieron y los cuchillos suelen cambiarse antes que afilarse.

Sin embargo, en la memoria colectiva permanece esa figura solitaria, pedaleando despacio, sosteniendo un oficio que fue parte del paisaje urbano y emocional de la ciudad.

La próxima semana, “Memoria de los oficios” volverá a encender otro recuerdo. Porque mientras haya historias que contar, los oficios no estarán del todo perdidos.