El grupo local de therians anunció la suspensión del encuentro que tenía previsto realizar ayer en Plaza Belgrano, tras denunciar haber recibido amenazas en las horas previas a la convocatoria.

A través de una historia publicada en redes sociales por la cuenta del colectivo, los organizadores agradecieron a quienes habían manifestado su intención de participar de “un día de mucho amor y ladridos”, pero explicaron que decidieron no concretar la reunión para evitar conflictos y “no generar más disturbios”.
En el mismo mensaje señalaron que fueron “muchas las amenazas recibidas” y que optaron por no dar nombres para no profundizar la situación.
La actividad estaba pensada como una juntada abierta y pacífica en uno de los espacios públicos más emblemáticos de la ciudad. Sin embargo, el clima previo, marcado por mensajes intimidatorios, llevó al grupo a priorizar la tranquilidad y suspender el evento.
El fenómeno therian —una tendencia que reúne a personas que se identifican espiritualmente o simbólicamente con determinados animales y lo expresan a través de gestos, estética o dinámicas grupales— es relativamente reciente en ciudades del interior y suele despertar curiosidad, desconcierto e incluso burlas.
Para algunos puede resultar llamativo o difícil de comprender; para otros, se trata simplemente de una forma distinta de expresión personal y pertenencia.
Más allá de las opiniones que pueda generar, el episodio vuelve a poner sobre la mesa el debate en torno a la tolerancia y la convivencia en el espacio público.
Se trate de una moda pasajera o de una identidad en construcción, lo cierto es que el encuentro no tenía otro objetivo que compartir un momento entre pares, sin afectar a terceros ni alterar el normal funcionamiento de la plaza.
Desde el grupo expresaron su deseo de poder organizar en el futuro “una juntada libre de violencia”, confiando en que el diálogo y el respeto permitan que todas las expresiones juveniles —por más novedosas o poco convencionales que resulten— encuentren su lugar sin ser objeto de amenazas.
La suspensión deja así una reflexión abierta: en tiempos donde la diversidad de gustos y formas de identidad es cada vez más visible, la convivencia pacífica sigue siendo un desafío que interpela a toda la comunidad.



