Primera entrega de la serie semanal que rescata oficios tradicionales y trabajos que marcaron la identidad de nuestra ciudad. Invitamos a los lectores a compartir recuerdos, anécdotas y fotografías de época en los comentarios de nuestras redes para construir juntos esta memoria colectiva.

Hubo un tiempo en que los barrios se anunciaban por sus sonidos. No eran notificaciones ni motores, sino ruidos de trabajo. Entre ellos, uno muy particular: el del vareo en el patio.
Cuando hablamos del “sonido del vareo”, nos referimos al golpe seco y repetido de una vara larga contra la lana de los colchones, un trabajo artesanal que se hacía al aire libre, en el patio de las casas.
Antes de los colchones de espuma o resortes, el colchonero desarmaba, limpiaba y volvía a ahuecar la lana para devolverle volumen. El ruido era fuerte y rítmico, parecido al de alguien sacudiendo una alfombra, pero más constante. Ese sonido anunciaba que el colchonero estaba trabajando.
Durante décadas, fue una escena habitual en 9 de Julio. El artesano llegaba con sus herramientas, extendía la lana al sol y comenzaba una tarea paciente, física y minuciosa. No era solo reparar un colchón: era prolongar su vida útil en tiempos donde nada se descartaba con facilidad.
Hoy, ese oficio casi ha desaparecido. La industria y el consumo rápido lo fueron desplazando. Sin embargo, todavía hay quienes recuerdan ese golpeteo como parte del paisaje cotidiano del barrio, un sonido que formó parte de la infancia de muchos y que hoy sobrevive apenas en la memoria.
¿Recuerdan quién fue el último colchonero de esta ciudad?



