El eje de la discusión no fue solo la renovación de bancas y asunción de nuevos concejales, sino la definición de las autoridades del Concejo Deliberante, en particular la presidencia, que no quedó en manos de La Libertad Avanza, la fuerza más votada en las últimas elecciones locales.

Durante la sesión preparatoria, el cuerpo legislativo definió su conducción a partir de un acuerdo entre distintos bloques, lo que dejó a LLA —ganador en las urnas— fuera de la presidencia.
La decisión generó cuestionamientos desde ese espacio político y también reavivó una discusión más profunda sobre la representatividad real del Concejo y el sentido de las decisiones que se toman puertas adentro.
En ese contexto, desde La Libertad Avanza se planteó que la presidencia debía reflejar el respaldo electoral obtenido.
“La gente eligió un cambio y eso debería verse también en la conducción del Concejo”, fue una de las expresiones que circularon en el ámbito político local tras la sesión, marcando el malestar por un acuerdo que consideraron más ligado a la lógica interna de la política que a la voluntad popular.
Pero el debate no se agotó en la disputa por los cargos. En paralelo, numerosos vecinos expresaron su descontento con el funcionamiento general del Concejo Deliberante.
En redes sociales y conversaciones cotidianas se repite una crítica: la sensación de que muchas discusiones legislativas están alejadas de los problemas urgentes de la comunidad.
“Mientras tenemos caminos intransitables, inundaciones y tasas que suben, en el Concejo se discuten proyectos que no cambian nada”, es una frase que se repite en distintos espacios.
La falta de representantes que interpreten de manera directa el sentir de los vecinos aparece como uno de los reclamos más fuertes. La crisis hídrica, el estado de los caminos rurales, el impacto económico de las inundaciones y el debate por la tasa vial son señalados como prioridades que no siempre ocupan el centro de la agenda legislativa.
Esa distancia entre la realidad cotidiana y la actividad del recinto alimenta la desconfianza y el descreimiento hacia la política local.
La conformación del nuevo Concejo dejó así al descubierto una tensión que atraviesa a buena parte de la sociedad de 9 de Julio: por un lado, la expectativa de que el resultado electoral marque un rumbo claro; por otro, la persistencia de acuerdos políticos que, para muchos vecinos, refuerzan la idea de que las verdaderas necesidades quedan relegadas frente a disputas internas y proyectos menores.
Un escenario que, lejos de cerrarse con la asunción de los concejales, promete seguir siendo tema de debate en los próximos meses.



