Para el fiscal Martín López Perrando el sospechoso “buscó silenciar el crimen de Diego Fernández” y “practicó diversas maniobras tendientes a encubrir la averiguación de la verdad”.

El fiscal Martín López Perrando, a cargo de la investigación del homicidio de Diego “El Gaita” Fernández Lima, cuyos restos óseos fueron hallados enterrados en el fondo de una casa del barrio porteño de Coghlan a casi 41 años de su desaparición, ordenó que citen a declaración indagatoria a Norberto Cristian Graf, quién había sido compañero de escuela de la víctima y que aún vive en el lugar del hallazgo.
En tanto, López Perrando le imputó el delito de encubrimiento agravado y ahora el juez Alejandro Litvack deberá definir si hace lugar a lo solicitado por el representante del Ministerio Público. Para el fiscal el sospechoso “buscó silenciar el crimen de Diego Fernández” y “practicó diversas maniobras tendientes a encubrir la averiguación de la verdad”.
Según informó el sitio de noticias de la Procuración General de la Nación, www.fiscales.gob.ar, en su dictamen, López Perrando explicó que pudo acreditarse que “efectivamente” la víctima fue asesinada y ocultada en el interior de la propiedad que “habitó y habita” Graf, que ahora tiene 58 años.
En otro tramo del escrito, el fiscal sostuvo que el imputado “al momento en que iniciaron los trabajos de excavación en el domicilio lindero a su finca se mostró preocupado, temeroso de que la verdad saliera a la luz” motivo por el cual “les espetó a los obreros que tenían prohibido cortar un determinado árbol que se hallaba cercano a la medianera que dividía ambas propiedades”.
Explicó que el 20 de mayo de 2025, día del hallazgo de los restos óseos, “su preocupación se transformó en ocupación al exteriorizar su conducta encubridora; ello fue así a partir del ensayo de diversas excusas, pasando desde la existencia de una iglesia en donde habrían sido enterradas personas hasta que en una oportunidad habría pedido tierra para rellenar su terreno y que los restos habrían venido ocultos sin que nadie se diera la cuenta”.
López Perrando indicó que tras la identificación de los restos como pertenecientes a Fernández, se logró direccionar la investigación respecto a conocer “la existencia de un vínculo” entre la víctima y el ahora acusado, y así se determinó que “eran compañeros de colegio y ambos tenían afición por los motovehículos, por lo que las coincidencias más que aisladas fueron más y más contundentes”.
La casa de la familia Graf, donde fueron encontrados los restos de Fernández Lima.
La vivienda donde fueron encontrados los restos del joven pertenece a la familia de Graf y está ubicada en Avenida Congreso 3742 del barrio porteño de Coghlan. Fue un amigo de la víctima que vive en el exterior quien, tras conocer la noticia del hallazgo, llamó por teléfono para informar que en la época de la desaparición, en esa misma casa vivía Norberto Cristian Graf, a quien todos conocían por su segundo nombre y apodaban “Jirafa”.
A partir de esa información, el fiscal López Perrando convocó a otros excompañeros que también brindaron testimonio sobre lo que recordaban de aquellos años. La reconstrucción preliminar indica que Fernández Lima habría ido por voluntad propia a la casa de los Graf el día de su desaparición.
El caso
Diego Fernández Lima tenía 16 años cuando desapareció en la tarde del 26 de julio de 1984. Aquel día volvió del colegio, almorzó con su madre y le pidió dinero para tomarse el colectivo para ir a visitar a un amigo. Un conocido cruzó a Diego en la esquina de Rómulo Naón y Monroe, en Villa Urquiza y lo saludó. Fue la última vez que alguien lo vio. En tanto, nunca llegó a la clase de la tarde en el ENET N°36, entonces ubicado en las calles Ballivián y la actual Combatientes de Malvinas (ex Donato Álvarez).
Alrededor de las 20.30, como el joven no volvía, sus padres Juan Benigno Fernández e Irma Lima, fueron a la entonces comisaría 39 de la Policía Federal para reportar su desaparición, donde asentaron el caso como una presunta “fuga de hogar”.
Así, comenzó una búsqueda con panfletos pegados en el barrio, al tiempo que trataron de visibilizar su desaparición en los medios de comunicación. Su padre, dio una entrevista por el caso, en 1986, y murió sin saber el destino de su hijo. Por su parte, la madre del joven y sus hermanos, aún lo buscaban.



