11 abril 2021

CONTRA MONSANTO, DE MECHITA A LA HAYA

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Domingo 20 de noviembre de 2016.

El “mosquito” que pasaba por la puerta de su casa todos los días y que dejaba a su paso un reguero liquido, era parte del paisaje cotidiano, “era algo normal”. Lo mismo que los tarros con agrotóxicos que estaban sobre un carro, pegados a la medianera de su patio. Todo era (es) parte de la vida diaria de Baigorrita, un pueblo de poco menos de 2 mil habitantes, que vive, como toda la Pampa húmeda, de los frutos de la tierra. El caso de Martina, la hija de María Liz Robledo, se volvió parte de una causa internacional contra el Monsanto, una de las multinacionales más grandes del mundo.
María Liz volvió hace unas semanas de los Países Bajos (u Holanda si prefieren), donde formó parte de los testigos de todo el mundo que declararon en la Corte Internacional de La Haya, en el conocido “Tribunal a Monsanto”, en donde se denuncia a la multinacional por “crímenes contra la humanidad y el medio ambiente”.
El objetivo es establecer un precedente mundial que permita juzgar penalmente a las personas responsables de estas empresas, por crímenes contra la humanidad y el medio ambiente, o como se los empezó a llamar: “ecocidio”.
“Fue conmocionante encontrarse con tanta gente, ser escuchados, eso fue lo que movilizó todo. Porque nuestro contexto, desde los foros ambiéntales, siempre son muy adversos. Los espacios son muy chicos, no convocas, entonces llegar allá (La Haya) y tomar conciencia que es a nivel mundial y que los números y las estadísticas dejan de serlo y pasan a ser personas”, le contó a La Verdad María Liz, desde su casa en Baigorrita, donde muchos vecinos dejaron de hablarle y donde los productores rurales la ven como la enemiga pública Nº 1.
Martina. Diez minutos. Solo diez minutos María Liz tuvo en sus brazos a Martina cuando nació. Pasó una larga operación, más de 22 horas, en las que la vida de su hija era una incógnita. Los médicos, cuando se la llevaron después de que la nena empezara a despedir por la nariz un líquido verdoso y extraño, le dijeron que había nacido con una malformación congénita (atresia esofágica).
Una afección que afecta al esófago del recién nacido y que se caracteriza por carecer de permeabilidad esofágica con o sin comunicación a la vía aérea. Lo que ocasiona que la saliva y la leche no pasen al estómago y se manifieste como regurgitación acompañado de signos de ahogo.
La enfermedad es toda una rareza, y recién un año y siete meses después, cuando la pediatra le comentó que había otro caso igual al de ella en Baigorrita, y que las probabilidades estadísticas de que eso ocurra era tan ínfimas en ese poco lapso de tiempo y en tan pocos habitantes, que se volvía preocupante.
Las preguntas de la pediatra derivaron en que en esa cotidianidad del mosquito fumigador pasando y dejando su reguero liquido por su casa, que ese proximidad a los agrotóxicos con su patio, podía encontrar la respuesta a lo que le pasaba a Martina.
“La otra mamá también tenía al lado de su casa una maquina fumigadora. En ese lugar la lavaban y esos líquidos se juntaban en el patio de su casa”, contó María Liz. Por eso les pedieron a las dos madres que registren sus casos en el RENAC (Red Nacional de Anomalías Congénitas).

 

Fuente: La Verdad de Junín.