21 junio 2021

MENOS PANZA, MEJOR SUEÑO

“Hay gran cantidad de información que asocia las alteraciones a la hora de dormir con la obesidad, tales como insomnio o el síndrome de las piernas inquietas”, sostienen los expertos.

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Martes 12 de abril de 2016.

Un estudio realizado en Estados Unidos concluyó que perder peso mejora en un 20 % la calidad del sueño.
Perder peso, sobre todo reducir el abdomen, mejora en un 20% la calidad del sueño y reduce la incidencia de la apnea, reveló un estudio realizado en los Estados Unidos, por lo que el endocrinólogo argentino Alejandro García señaló que corregir el sobrepeso y respetar ciertos horarios a la hora de dormir son medidas fundamentales para conseguir un buen descanso.

Según la Asociación de Medicina del Sueño, más de 17 millones de argentinos padecen trastornos de ese tipo, “y si además tenemos en cuenta que más de la mitad de la población padece obesidad, perder peso puede ser una buena opción”, señaló García.

“Parece ser que obesidad y calidad del sueño están muy relacionadas, ya que dormir mal disminuye la acción de la leptina, hormona reguladora de la saciedad, y aumenta la concentración de la grelina -hormona del hambre-, responsable del aumento de la ingesta”, explicó.

En ese sentido, el estudio de la Universidad de Berkeley (California, Estados Unidos) detectó que tras una mala noche aumenta la necesidad de comer durante el día, y especialmente las ganas de ingerir “comida basura”.

“Hay gran cantidad de información que describe las alteraciones del sueño asociadas a obesidad, tales como apneas, insomnio o el síndrome de las piernas inquietas, y a su vez muchas de esas patologías tienen una correlación directa con eventos cardiovasculares graves o accidentes cerebrovasculares”, detalló García, también prescriptor del Método PronoKal.

El especialista señaló que existe una “sinergia” que lleva a un “empeoramiento de los síntomas tanto si el trastorno de sueño ocurrió antes y empeoró con la obesidad posteriormente desarrollada, como si el trastorno se desencadena a posteriori del aumento de peso”.

“Puntualmente, el estudio que lideró la doctora Stephanie Greer, de la Universidad de Berkeley, demuestra que la privación de sueño nos hace elegir alimentos más calorigénicos, lo que sumado a la alteración hormonal antes mencionada nos lleva a desarrollar obesidad o tener dificultad para bajar de peso”, apuntó.

Y completó: “Es indispensable por lo tanto cambiar hábitos de vida que ayuden a darle sustentabilidad al esfuerzo que significa perder peso, como la actividad física y el correcto descanso del individuo”.

El experto señaló además que “al contrario de lo que se pensaba”, las pérdidas de peso rápidas, siempre que sean “eficaces y seguras”, no son nocivas para la salud “sino todo lo contrario”.

Pero si bien los estudios demuestran que en una persona con sobrepeso u obesidad perder kilos y masa grasa es importante, también lo es tener una conducta ordenada en cuanto a los horarios para ir a dormir.