25 octubre 2021

Para pensar: "¿GANAR TIENE PRECIO"?

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Viernes 29 de mayo de 2015.

Pulverizada toda ideologización posible, desde el deporte hasta la política, queda una sola finalidad en pie: ganar.

Esto lo sabía Ayrton Senna a bordo de su Toleman en el Gran Premio de Mónaco allí por 1984 cuando obligó al siempre técnico piloto francés Alain Prost, a levantar sus manitos pidiendo a gritos que se suspendiera la carrera ante el avance irrefrenable del brasilero que había largado en la 13ra posición.

Lo supo Harry Truman cuando roció de bombas nucleares el suelo nipón, ante el pedido de los estadounidenses que recibían en bolsas porta cadáveres a sus familiares eliminados por los hijos del Sol Naciente. Era necesario terminar la guerra, había que ganar la guerra.
Ganar, indiscutible motivación humana que llevó al técnico argentino Carlos Salvador Bilardo a disputar dos finales mundiales de la FIFA en 1986 y 1990; superlativo nivel de alegría en nuestro país desde que se tiene memoria deportiva. Fue Bilardo quien le recriminó a su ayudante de campo que atendiera a un jugador rival cuyo tabique había estallado por una patada no intencional de Maradona en el Sevilla de 1990. El técnico muy ofuscado le espetó a su ayudante: “¿Cómo vas a atender al del otro equipo? Pisalo, pisalo, es contrario, pisalo”.
No faltan quienes blanden las banderas cuyo lema reza: “lo importante es competir”. Agotada e inservible frase que resume la derrota; lo importante es ganar, competir no demuestra habilidad, exigencia, capacidad y resistencia, cualquiera puede competir pero pocos ganan.
“Ganar a cualquier precio” parece ser el apotegma más descalificado en estos tiempos, pero nunca se le puso precio al triunfo, simplemente porque no lo tiene.
Parece una sociedad hipócrita aquella que cuestiona la esencia del bilardismo y llora ante la derrota, que traslada la metodología del fair play a la cotidianeidad pero no obtiene más que desilusiones.
¿Qué es la política sino la lucha por el poder? ¿Qué es el deporte sino la lucha por el triunfo? Si lo importante fuera competir, no existirían podios ni cargos políticos de decisión sobre el destino de la población.
Lo importante es ganar, todo lo demás es la excusa de los perdedores, la inobjetable apelación humanista del bienpensante.CARLOS-BILARDO
El ejemplo de Santa Fe es muy claro. Triunfó Miguel Del Sel y una buena parte de la clase política se pregunta cómo es que un comediante puede estar a un paso de gobernar una de las provincias más importantes de nuestro país. Son los mismos integrantes de esa clase dirigente que junta orines tras el telón de Showmatch para aparecer un ratito en cámara, en el convencimiento de que elevando su nivel de conocimiento pueden llegar a ganar. Sí, lo hacen para ganar, porque en última instancia es la finalidad motivacional más pura y sincera del humano linaje. Pagarían lo que no tienen por el nivel de conocimiento del comediante santafesino.
La sociedad del triunfo tiene en el deporte a un maestro indiscutible que es Carlos Salvador Bilardo, tan indiscutible que hasta suena redundante afirmarlo. Campeón y subcampeón mundial con la Selección Nacional de fútbol. Alguien capaz de amenazar con tirar abajo el avión con el plantel entero de regreso a la Argentina si quedaban afuera en la primera ronda allá por 1990.

La política y el deporte tienen demasiadas cosas en común, y no hace falta leer a Maquiavelo para entender que dependemos de la virtud y la fortuna, quienes elegimos la competencia sólo necesitamos asumir el riesgo de ser sometidos a los designios de quienes consideramos ineptos e incompetentes, para motivarnos y pensar como Carlos Bilardo que no queda más remedio que pisarlos. Ganar no tiene precio, perder sí.

Mario Russo - La Nueva Provincia (Bahía Blanca).