Las negociaciones paritarias de 2026 continúan mostrando acuerdos salariales que se ubican por debajo del ritmo de la inflación, en un escenario donde los precios se mantienen desde hace meses en torno al 3% mensual.

Durante el primer tramo de su gestión, el Gobierno impulsó una pauta clara: que los aumentos salariales se ubiquen por debajo del índice inflacionario, con el objetivo de contribuir a su desaceleración. Sin embargo, ya avanzada la segunda mitad del mandato, la mayoría de los convenios firmados siguen sin lograr equiparar la suba del costo de vida.
Algunos gremios, como La Bancaria, cuentan con acuerdos atados al índice de precios al consumidor que mide el INDEC, lo que les permite mantener cierta actualización automática. No obstante, gran parte de los sindicatos recurre a mecanismos alternativos para acercarse a la inflación.
Entre ellos, se destacan las sumas no remunerativas, una herramienta cada vez más utilizada pero que presenta efectos contradictorios. En el corto plazo, permiten mejorar el ingreso de bolsillo, pero a largo plazo pueden deteriorar el salario real si no se incorporan al básico.
Además, al no formar parte del sueldo formal, estas sumas reducen la base sobre la cual se calculan futuros aumentos, lo que termina generando un rezago acumulativo en las recomposiciones salariales. Este fenómeno impacta con mayor fuerza en los trabajadores de menores ingresos y contribuye a un progresivo achatamiento de la pirámide salarial.
En este contexto, aunque existen versiones sobre una posible flexibilización en la postura oficial —ante la caída del consumo y de la recaudación—, lo cierto es que los acuerdos recientes siguen ubicándose por debajo del nivel inflacionario, manteniendo la tensión en el frente gremial.



