Axel Kicillof consiguió en los últimos días un primer alivio político al cerrar un acuerdo salarial con estatales y la mayoría de los docentes, aun cuando los aumentos quedaron por debajo de la inflación.

El entendimiento le permitió clausurar la discusión paritaria de 2025 y comenzar 2026 sin un conflicto inmediato, aunque la “pax sindical” aparece como endeble: parte de la docencia rechazó la propuesta y el malestar persiste en las bases. En el propio gobierno admiten que los márgenes fiscales son cada vez más estrechos y que este año será igual o más complejo que el anterior, lo que mantiene latente la posibilidad de nuevas tensiones.
En paralelo, el gobernador avanzó con una definición política de mayor alcance: reabrir canales de diálogo con sectores del peronismo y aliados que quedaron fuera del esquema kirchnerista. “Hay que ir a hablar con todos los que dejamos de hablar”, expresó ante intendentes del Movimiento Derecho al Futuro en Villa Gesell, marcando una hoja de ruta que apunta a ampliar su figura a nivel nacional sin romper explícitamente con Cristina Fernández de Kirchner. En ese esquema aparecen nombres de gobernadores peronistas y también dirigentes no alineados con el oficialismo nacional, aunque la estrategia enfrenta límites políticos y legislativos, como la discusión por las PASO.
El segundo eje central de la estrategia de Kicillof está puesto en la provincia: sostener el respaldo de los intendentes y avanzar en la discusión por la reelección indefinida, un reclamo clave del núcleo territorial que lo respalda. Esa pulseada, que tensiona especialmente la relación con La Cámpora, se da en un contexto económico adverso y será determinante para su armado político de cara al futuro. Entre una negociación salarial frágil y una interna compleja, el gobernador busca ganar tiempo y consolidar poder en un año que aparece decisivo para sus aspiraciones.



