4 junio 2026

A los 82 años se recibió de veterinario y dejó una lección de vida

Rubén Buttafuoco cumplió a los 82 años un sueño que había quedado en pausa durante décadas: se recibió de médico veterinario en la Universidad Nacional de Río Cuarto y emocionó a toda la comunidad académica con un mensaje tan simple como poderoso: “Siempre hay que mirar para adelante”.

 

El logro no solo representa la obtención de un título universitario, sino también la coronación de una historia marcada por la constancia. Su recorrido comenzó muchos años atrás en la Universidad de Buenos Aires, donde inició la carrera, aunque debió abandonarla por razones económicas, laborales y familiares.

Lejos de quedar en el olvido, ese objetivo siguió latente. Con el paso del tiempo, Buttafuoco desarrolló una vida profesional diversa: fue piloto civil y más tarde trabajó en el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria, manteniéndose siempre vinculado al ámbito agropecuario y sanitario.

Ya radicado en Córdoba, en la zona de Villa del Dique, decidió retomar aquel sueño inconcluso. Uno de los puntos clave fue la validación de 29 materias, lo que le permitió reinsertarse en la carrera sin empezar desde cero. A partir de allí, encaró una etapa exigente, rindiendo muchas materias en condición de libre y estudiando en soledad, lejos del ritmo habitual de la vida universitaria.

El camino no fue sencillo. La distancia, las dificultades económicas y el desgaste físico pusieron a prueba su determinación más de una vez. Sin embargo, nunca abandonó. “Muchas veces pensé en tirar la toalla, pero si terminé una carrera, voy a terminar la otra”, llegó a decir, reflejando la lucha interna que atravesó.

El tramo final incluyó la defensa de su tesis, titulada sobre enfermedades zoonóticas emergentes, transmisión alimentaria y factores ambientales vinculados a la salud, un trabajo de fuerte actualidad. La exposición oral ante el jurado fue el último paso de un recorrido académico que cerró con éxito.

Desde la Facultad celebraron su graduación con una frase que resume el espíritu de su historia: “No importa cuándo empieces, sino que nunca dejes de intentarlo”.

Con el diploma en mano, Buttafuoco dejó además un mensaje directo a las nuevas generaciones, que trasciende edades y contextos: “Siempre hay que mirar para adelante”.