El país enfrenta el desafío de la transición energética. Entre la falta de infraestructura de carga, los costos de los vehículos y una red eléctrica bajo presión, expertos analizan si el cambio de paradigma es una realidad cercana o un proyecto a largo plazo.

El mundo avanza hacia la descarbonización y el transporte eléctrico es el pilar central de esa transformación. Sin embargo, en la Argentina, la pregunta ya no es si los autos eléctricos son el futuro, sino si el país tiene la capacidad estructural para sostenerlos. Lo que en Europa o China es una transición acelerada, a nivel local se presenta como un rompecabezas de desafíos logísticos y económicos.
Actualmente, el parque automotor eléctrico en el país crece a un ritmo constante pero lento, impulsado principalmente por vehículos híbridos. La gran barrera sigue siendo la infraestructura de carga: hoy es prácticamente imposible planificar un viaje de larga distancia sin una hoja de ruta milimétrica para no quedarse sin batería, dada la escasa densidad de "electrolineras" fuera de los grandes centros urbanos.
Los tres frentes del conflicto
Para los especialistas, la viabilidad del transporte eléctrico en Argentina se juega en tres frentes simultáneos:
La red de distribución: ¿Soportará el sistema eléctrico un pico de demanda si miles de usuarios conectan sus autos al regresar del trabajo? Analistas advierten que, sin inversiones en las redes de media y baja tensión, el sistema —que ya opera al límite en verano— podría colapsar.
El costo de adquisición: A pesar de los beneficios impositivos vigentes en algunas jurisdicciones, el precio de un vehículo 100% eléctrico sigue duplicando o triplicando al de un modelo de combustión interna, lo que lo vuelve un bien de lujo inaccesible para la clase media.
La matriz energética: De poco sirve un auto que no emite gases si la electricidad que consume se genera mayoritariamente quemando combustibles fósiles. El desafío es que la movilidad eléctrica crezca a la par de las energías renovables (solar y eólica).
¿Hacia un modelo híbrido?
Ante este panorama, muchas terminales automotrices radicadas en el país apuestan por la transición híbrida como el paso intermedio lógico. Estos vehículos permiten reducir el consumo y las emisiones sin depender exclusivamente de una red de carga que todavía es incipiente.
"No es solo cambiar un motor por otro; es cambiar la forma en que pensamos la movilidad y la infraestructura urbana", señalan desde las cámaras del sector. Mientras el Gobierno y las empresas privadas discuten marcos regulatorios y subsidios, la Argentina observa desde atrás una carrera global que no da respiro. La tecnología ya está disponible; lo que resta saber es si el país logrará encender el motor de la inversión necesaria para no quedar desconectado.
Con información de La Nueva



