26 septiembre 2022

Duro mensaje del Obispo en el Te Deum del 9 de Julio

En el marco de los actos conmemorativos del 202 aniversario de la Independencia, desarrollados en la localidad de French, se desarrolló ayer sábado el tradicional Te Deum en la Capilla "Nuestra Señora de la Asunción" de esta localidad, donde el Obispo Diocesano Monseñor Torrado Mosconi dejó un duro y crítico mensaje.

La autoridad religiosa habló de un "deterioro de la calidad educativa" y de la "falta de cultura del trabajo".

 

EL MENSAJE COMPLETO

Es una verdadera alegría participar del acto central conmemorativo de la independencia nacional y celebrar la oración solemne del tedeum en esta querida localidad de French y en la Iglesia dedicada a Nuestra Señora de la Asunción, una de las más antiguas y bellas de la zona, cuidada tan esmeradamente por la comunidad local.

Constatación

En los últimos años, estudios sólidamente fundamentados, provenientes de distintos ámbitos competentes y autorizados en la materia, vienen dando cuenta de un más que preocupante deterioro del sistema educativo. Los alarmantes resultados de las diversas evaluaciones en nuestro país, agravados aún más por los efectos de la pandemia, advierten las repercusiones nocivas que conlleva para el conjunto de la sociedad y, particularmente, para las generaciones venideras. Algunos la han dado en llamar como una “tragedia educativa” ¡Creo que no exageran!

Además, las transformaciones a nivel global resultantes de los progresos tecnológicos, que repercuten en las dinámicas de producción y finanzas, hasta producir mutaciones en la sociedad y la cultura, han transformado también la realidad del trabajo. Cambios que se aceleran aún más con los efectos de la guerra que ya tienen repercusiones a nivel mundial. Hasta se comienza a hablar del “fin del trabajo”. En nuestro país la situación es aún más grave y ha derivado en la devaluación de su necesidad e importancia misma. De la dignísima expresión “trabajar de sol a sol para llevar el pan a tu hogar” hemos caído en el “trabajar: para qué”. Todo un síntoma de decadencia, que lleva ya al menos dos generaciones y de los cual no podemos excusarnos en aquellos cambios acaecidos mundialmente. Intereses mezquinos y desaciertos han concurrido para traernos hasta aquí.

No se trata aquí de un mero dramático criticismo para cazar culpables o buscar chivos expiatorios, sino de un franca y sincera toma de conciencia de dos auténticos males, que corroen la sociedad e hipotecan su futuro. Es necesario, primeramente, caer en la cuenta de la situación de estancamiento y degradación en la cual ya estamos -en parte- o nos encaminamos más o menos rápidamente. De este “caer en la cuenta” depende una reacción saludable, responsable y comprometida que busque soluciones, acuerdos y esfuerzos sostenidos.

Discernimiento

De todos modos, no podemos quedarnos en el diagnóstico y sus análisis sin buscar una respuesta, un remedio y una solución superadora. Para la visión creyente del hombre, una genuina antropología cristiana, ha tenido desde siempre -no solamente en teoría sino, sobre todo, en las acciones- a la educación y el trabajo como dos dimensiones y valores fundamentales e indispensables para el auténtico desarrollo humano y la genuina construcción de la sociedad. Ambos concurren y contribuyen a la verdadera realización de las personas. La Iglesia católica así lo ha vivido desde siempre, tanto en la experiencia de sus concreciones como en la teoría de su pensamiento.

Como síntesis actual de este aporte ofrecido al modo de nuestra particular contribución al bien común de la sociedad, permítanme citar el pensamiento y enseñanza del Santo Padre sobre estas dos cuestiones.

Sobre la educación afirma que se trata de un acto de amor, porque es generadora de la vida y su pluridimensionalidad; arranca la persona de su mismidad, la ayuda a familiarizarse con su interioridad, a ejercitar sus potencialidades, a abrirse a la trascendencia. Es, también, un acto de esperanza que ayuda a romper ese círculo vicioso del escepticismo, de la increencia, de la cristalización de concepciones y actitudes contrarias a la dignidad del ser humano. Es, finalmente, un factor humanizador que ayuda a romper el individualismo, a apreciar las diferencias, a descubrir la fraternidad, a responsabilizarse por el medio ambiente. Por ello insiste y clama por un “pacto educativo global”.
(Cfr. https://www.vaticannews.va/es/iglesia/news/2021-07/papa-francisco-educacion-cpal-luis-klein.html)

Acerca del trabajo, reiterando la constante afirmación del pensamiento social cristiano y la enseñanza eclesial, el Papa Francisco, ante la perspectiva de lo que se ha dado en llamar “el fin del trabajo”, ha reafirmado su valor en tanto dimensión humana fundamental, fuente de dignidad y contribución imprescindible al bien común, afirmando que debe ser “libre, creativo, participativo y solidario”. Cabe una profundización de cada uno de estos aspectos, en los cuales encontramos las claves para la recuperación urgente de una “cultura del trabajo” como respuesta y remedio a tantos males aquejan a nuestro tejido social, afectando amplísimas franjas de la población e hipotecando el futuro de las generaciones venideras. (Cfr. https://www.ituc-csi.org/IMG/pdf/mensaje_trabajo_decente.pdf )

Propuesta

El desafío y el compromiso de afrontar con grandeza, decisión y abnegación esta situación compete a todos los sectores del entramado social, cada cual estando a la altura de sus responsabilidades y poniendo sus capacidades al servicio del conjunto de la comunidad.

Despojarse de miradas parciales y sesgadas que generan reduccionismos y enfrentamientos, así como resignar intereses y conveniencias mezquinas, es la condición básica para recomenzar y ponerse en marcha. Buscar acuerdos, sostener proyectos mancomunados y tener presente el horizonte del bien común junto al apoyo a los más desfavorecidos, en la vía necesaria y urgente para recomenzar y recuperarnos. ¡El pesimismo y el desaliento no pueden tener lugar ni en nuestro corazón ni en nuestra conducta!

Estamos conmemorando el aniversario de la Independencia en un lugar emblemático de la patria y de nuestro partido: una localidad rural. Los “buenos tiempos” de estos pueblos y las personas de bien que salieron de ellos, fueron el resultado de la conjunción del trabajo duro y la aplicación en la educación. Sin caer en la nostalgia extemporánea, todo ello nos recuerda que, desde estas dos realidades, podemos mirar el futuro con esperanza.

¡Se lo pedimos a Dios como gracia y bendición, comprometiendo nuestra responsabilidad y generosidad!