14 abril 2021

NO ESTOY GORDITO, ESTOY ESTRESADO...

 "El 'hambre emocional' se presenta cuando se come no por verdadero apetito sino como respuesta para calmar emociones", dijo una especialista.

 

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Miércoles 6 de abril de 2016.

El estrés es uno de los principales obstáculos a la hora de adelgazar y muchas veces las dietas dejan de servir no por "falta de voluntad", sino debido a ese factor que "alimentamos a diario gracias al ritmo de vida que llevamos" y que genera lo que se conoce como "sobrepeso nervioso", señaló la endocrinóloga Laura Maffei.

Agregó que la respuesta del cuerpo frente a una experiencia estresante es "la misma que tenían nuestros antepasados para lograr sobrevivir a las amenazas.

"Así, se generan diversas sustancias como la adrenalina y el cortisol (la hormona del estrés) que nos preparan para la acción. El estrés moderno no se diluye tan fácilmente ya que son varios los factores que lo generan, como el hecho de tener que tomar decisiones rápidas bajo presión o la sensación de que ningún logro es suficiente porque las demandas son cada vez más grandes", señaló.

Dijo además que "el estrés inhibe las funciones de la insulina para asegurar que las grasas y la glucosa de la sangre permanezcan disponibles. Es así que el metabolismo se prepara para resolver la situación de alarma".

"Cuando una persona sufre de estrés crónico y el cortisol no cesa de segregarse, el cuerpo no puede asimilarlo de manera adecuada y hace que almacenemos el exceso de grasa como un instinto de supervivencia que se traduce en kilos de más hacia el abdomen, grasa que está relacionada con las enfermedades cardiovasculares".

Otro efecto secundario frecuente del exceso de cortisol es el aumento del apetito, "ya que al estar estresados nuestro cuerpo necesita más energía, por eso quienes aumentan de peso como respuesta al estrés suelen admitir que en momentos de mucha ansiedad se inclinan por comidas altas en calorías, grasa y azúcar".

Según la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR), 6 de cada 10 personas tienen exceso de peso en Argentina, mientras que 2 de cada 10 son obesas. Los productos más energéticos, como los ricos en grasas y dulces, colaboran con la sensación de placer y disminuyen el cortisol, calmando la sensación de estrés: "Sin embargo son dichos alimentos los que favorecen una conducta compulsiva o 'hambre emocional', que sucede cuando la persona come no por verdadero apetito sino como respuesta para calmar emociones".