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><channel><title>cospeles - La Trocha - Estación de noticias</title><atom:link href="https://www.latrochadigital.com.ar/seccion/cospeles/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" /><link>https://www.latrochadigital.com.ar</link><description></description><lastBuildDate>Sat, 27 Jun 2026 10:21:02 +0000</lastBuildDate><language>es</language><sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod><sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency><generator>https://wordpress.org/?v=7.0</generator><image><url>https://www.latrochadigital.com.ar/wp-content/uploads/2021/11/cropped-ltd_favicon-32x32.png</url><title>cospeles - La Trocha - Estación de noticias</title><link>https://www.latrochadigital.com.ar</link><width>32</width><height>32</height></image> <item><title>Llamar a casa en los 90 una espera, un cospel y una esperanza</title><link>https://www.latrochadigital.com.ar/2026/06/27/llamar-a-casa-en-los-90-una-espera-un-cospel-y-una-esperanza/</link><dc:creator><![CDATA[CTS]]></dc:creator><pubDate>Sat, 27 Jun 2026 10:02:19 +0000</pubDate><category><![CDATA[Locales]]></category><category><![CDATA[cospeles]]></category><category><![CDATA[memoria de los estudiantes]]></category><guid isPermaLink="false">https://www.latrochadigital.com.ar/?p=259386</guid><description><![CDATA[Cada llamada empezaba mucho antes de escuchar la voz del otro lado. Para miles de estudiantes del interior que en los años 90 y comienzos de los 2000 se mudaban a Buenos Aires o La Plata para cursar una carrera, hablar con la familia era casi un acontecimiento. No existían los celulares con llamadas ilimitadas, [&#8230;]]]></description><content:encoded><![CDATA[<p><strong>Cada llamada empezaba mucho antes de escuchar la voz del otro lado. Para miles de estudiantes del interior que en los años 90 y comienzos de los 2000 se mudaban a Buenos Aires o La Plata para cursar una carrera, hablar con la familia era casi un acontecimiento.</strong></p><p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-259387" src="https://www.latrochadigital.com.ar/wp-content/uploads/2026/06/ChatGPT-Image-26-jun-2026-10_00_18-a.m.png" alt="" width="1536" height="1024" srcset="https://www.latrochadigital.com.ar/wp-content/uploads/2026/06/ChatGPT-Image-26-jun-2026-10_00_18-a.m.png 1536w, https://www.latrochadigital.com.ar/wp-content/uploads/2026/06/ChatGPT-Image-26-jun-2026-10_00_18-a.m-300x200.png 300w, https://www.latrochadigital.com.ar/wp-content/uploads/2026/06/ChatGPT-Image-26-jun-2026-10_00_18-a.m-1024x683.png 1024w, https://www.latrochadigital.com.ar/wp-content/uploads/2026/06/ChatGPT-Image-26-jun-2026-10_00_18-a.m-768x512.png 768w, https://www.latrochadigital.com.ar/wp-content/uploads/2026/06/ChatGPT-Image-26-jun-2026-10_00_18-a.m-630x420.png 630w, https://www.latrochadigital.com.ar/wp-content/uploads/2026/06/ChatGPT-Image-26-jun-2026-10_00_18-a.m-696x464.png 696w" sizes="(max-width: 1536px) 100vw, 1536px" /></p><p>No existían los celulares con llamadas ilimitadas, tampoco WhatsApp, videollamadas ni redes sociales. Había que salir a buscar un teléfono público... y tener suerte.</p><p><strong>Los cospeles eran casi una moneda paralela.</strong> Esas pequeñas fichas de bronce o alpaca se compraban en kioscos, estaciones de tren o locales de <strong>ENTel primero y de Telefónica o Telecom después</strong>. Muchos estudiantes los llevaban cuidadosamente guardados en un bolsillo o en una cajita, porque quedarse sin uno podía significar pasar varios días sin hablar con los padres.</p><p><strong>Las cabinas telefónicas eran verdaderos puntos de encuentro.</strong> En los alrededores de las terminales, las estaciones ferroviarias, las facultades o las plazas siempre había una fila de personas esperando su turno.</p><p>Los domingos por la noche, cuando terminaba el fin de semana y muchos jóvenes regresaban a la ciudad para estudiar, las colas podían extenderse durante varios metros. Cada llamada era breve, porque el tiempo costaba dinero y detrás siempre había alguien aguardando.</p><p><strong>Había toda una estrategia para elegir el teléfono.</strong> Los más experimentados buscaban alguno que estuviera <em><strong>"pinchado".</strong></em> No se trataba de una intervención telefónica, sino de aparatos que, por una falla mecánica o electrónica, permitían hablar sin consumir cospeles o seguían funcionando después de agotado el crédito.</p><p><strong> Cuando alguien descubría uno, el secreto corría de boca en boca entre compañeros de pensión, estudiantes o vecinos, aunque rara vez duraba mucho antes de que fuera reparado.</strong></p><p>También <strong>circulaban historias sobre quienes lograban "puentear" los teléfonos públicos utilizando pequeños cables, chapitas metálicas o distintos artilugios caseros que engañaban al mecanismo para habilitar la comunicación</strong>.</p><p>Eran prácticas informales, conocidas por muchos y realizadas por algunos, que formaban <strong>parte del folclore urbano de la época.</strong> No siempre funcionaban y, además, podían traer problemas si alguien era sorprendido manipulando el aparato.</p><p><strong>Para quienes estudiaban lejos de casa, aquellas llamadas tenían un valor enorme.</strong> Del otro lado esperaba la voz de la madre preguntando si alcanzaba la plata, del padre consultando cómo iban los estudios o de los hermanos contando las novedades del pueblo.</p><p>Eran conversaciones cortas, pero cargadas de emociones. <strong>Muchas veces había que resumir toda una semana en apenas unos minutos.</strong></p><p>Con la llegada de las tarjetas telefónicas, primero, y de los teléfonos celulares, después, los cospeles comenzaron a desaparecer. Las cabinas fueron quedando vacías y, poco a poco, terminaron siendo retiradas de las calles.<strong> Lo que durante décadas había sido indispensable pasó a convertirse en una pieza de museo.</strong></p><p>Hoy cuesta imaginar que llamar por teléfono implicara caminar varias cuadras, hacer una larga fila, cruzar los dedos para encontrar un aparato que funcionara y administrar cada segundo de conversación.</p><p>Sin embargo,<strong> para toda una generación de estudiantes del interior, esa fue la rutina semanal.</strong> Cada llamada era mucho más que una comunicación: era el puente que los unía con su hogar cuando la distancia parecía inmensa.</p>]]></content:encoded></item></channel></rss>