Hablar de Guillermo Castellanos hoy, a 19 años de su partida, es hablar de una herida que todavía duele en 9 de Julio, pero que también nos llena de un orgullo inmenso. El tiempo pasa, pero el sentimiento de quienes estuvieron a su lado, en el taller y en los boxes, sigue intacto.

No recordamos solo a un piloto de Chevrolet; recordamos al compañero, al amigo que compartía los mates y los sueños de victoria. Guillermo era un hijo de nuestro pueblo que nunca se olvidó de sus raíces y que siempre puso el corazón por delante de cada acelerada.
Su nombre quedó grabado en la historia por su talento, pero también por ese legado que cambió el automovilismo para siempre. Aquel domingo en Comodoro, Guillermo fue el último piloto en correr con un acompañante, y esa tragedia obligó a que las reglas cambiaran para cuidar la vida de todos los que vinieron después.
Fue su último gran sacrificio, una huella que hoy permite que otros pilotos vuelvan a casa con sus familias.
Para quienes estuvieron con él ese día en los boxes, para su equipo y para su gente de 9 de Julio, el vacío es imposible de llenar. Pero nos queda el consuelo de saber que su bandera sigue flameando y que su memoria es el motor que nos impulsa a recordarlo con honor.
Guillermo, hoy las lágrimas se mezclan con el orgullo. 9 de Julio te abraza más fuerte que nunca. ¡Siempre presente en nuestro corazón, Guille!
Walter Martín Zárate.



