La Ruta Nacional 5 vuelve a estar en el centro de la preocupación en Nueve de Julio. El estado del tramo que atraviesa la zona, las obras pendientes y la reiteración de siniestros viales alimentan una sensación que ya se escucha con frecuencia en la calle: hay vecinos que dicen tener “miedo” de viajar por esta carretera.

No se trata solo de estadísticas o de informes técnicos. Es un comentario que se repite en comercios, reuniones familiares y charlas cotidianas, especialmente entre personas mayores de 40 y 50 años, que recuerdan otros tiempos de tránsito más previsible y hoy perciben un escenario distinto, con mayor circulación de camiones, sobrepasos riesgosos y sectores donde el asfalto evidencia desgaste.
Cuando pueden evitarla, muchos optan por no utilizarla. “Si no es por fuerza mayor, no viajo”, es una frase que se repite.
Turnos médicos impostergables, trámites o compromisos laborales obligan a tomar la ruta, pero el viaje ya no se vive con la tranquilidad de antes.
El reclamo también apunta a las obras necesarias para mejorar la seguridad vial, desde mantenimiento profundo hasta intervenciones estructurales que reduzcan la peligrosidad en accesos y cruces.
En el tramo cercano a Nueve de Julio, los accidentes registrados en los últimos años reforzaron la percepción de riesgo.
Mientras tanto, la preocupación crece y el tema se instala como un eje permanente en la agenda local.
Más allá de los anuncios o proyectos, lo que hoy predomina es una sensación compartida: viajar por la Ruta 5 dejó de ser un trámite habitual y pasó a convertirse, para muchos vecinos, en una decisión que se evalúa dos veces antes de tomarla.



