La productora agropecuaria nuevejuliense, Patricia Gorza, quien integra activamente el movimiento Mujeres Rurales Argentinas, reflexionó en sus redes sociales sobre la situación angustiante de muchos hombres y mujeres de campo afectados por la emergencia hídrica y la necesidad de coordinar acciones conjuntas, utilizando como muletilla una de las frases que se popularizó a través de la serie "El Eternauta".

LA REFLEXIÓN DE LA VECINA
"Las inundaciones nos golpean a todos. Y cuando el agua entra sin pedir permiso, también nos muestra con claridad quiénes somos y qué nos une. Porque ante un problema común, como este, los reclamos tienen que ser colectivos, las gestiones tienen que ser colectivas. El individualismo es la mejor excusa para que los responsables se tiren la pelota entre ellos y no resuelvan nada.
Los que somos del campo, los que vivimos de lo que da la tierra, sabemos que siempre fue espalda con espalda, sobre todo los "Chacras". Los chacareros de 9 de Julio siempre nos cuidamos entre nosotros. Nadie se cortaba solo. Nadie pensaba que salvar lo suyo a costa del otro era una opción. Eso no era solo una forma de vivir: era una forma de resistir.
Lamentablemente, en estos tiempos muchos parecen haberse olvidado de esos valores. Algunos, creyéndose más vivos, intentan salvar lo propio, aunque eso implique dejar a un vecino más complicado todavía. Pero el resultado es siempre el mismo: nadie se salva, y los que deberían dar respuestas se aprovechan de esa desunión para no mover un dedo.
Ver esa indiferencia duele. Porque le da fuerza a los que nos quieren así: egoístas, desconectados, resignados. Pero no somos todos. Por suerte, todavía quedamos los otros.
Los que creemos en la solidaridad sin cálculo. Los que abrimos el alambrado sin preguntar. Los que sacamos el tractor, vamos a caballo, llamamos por teléfono solo para saber si el otro necesita algo. Todavía quedamos varios que ponemos la cara sin vergüenza, porque los que deberían tenerla son los que se esconden detrás del escritorio mientras miran pasar el agua como si fuera un problema ajeno.
En estos tres meses de agua y barro me pasó algo que no me olvido más: varios vecinos que me dieron una mano me dijeron "tu viejo me ayudó tantas veces... cómo no voy a venir". Y ahí me di cuenta de lo que realmente importa. Se me lleno el alma de orgullo y nostalgia y almmismo tiempo está gran responsabilidad: que el día de mañana, cuando yo no esté, mis hijos puedan tener un vecino que diga lo mismo de mí.
Las inundaciones se llevan mucho, pero también dejan algo claro: quiénes están y quiénes no. Quienes entienden que esto se saca adelante entre todos, y quiénes se quedan esperando a ver si el agua no les llega al rancho.
Es momento de honrar la vida, los valores, la solidaridad, la empatía y el sentido de justicia. Todo eso que a los que lo ven desde la oficina les falta.
Porque en el campo, lo sabemos desde siempre: nadie se salva solo. Y los que nos inundamos, lo tenemos grabado a fuego".



