Lejos de traer la esperada transformación de la Ruta Nacional 5 en una autovía, la nueva concesión anunciada por el Gobierno nacional volvió a generar decepción y malestar en las ciudades del corredor.

La adjudicación por 20 años a la empresa Construcciones Electromecánicas del Oeste SA contempla únicamente tareas de mantenimiento y conservación de la calzada, mientras suma dos nuevas estaciones de peaje, una decisión que reavivó las críticas de vecinos, usuarios y sectores productivos.
El tramo concesionado comprende 546,65 kilómetros entre Luján y el empalme con la Ruta Nacional 35, atravesando localidades como Mercedes, Suipacha, Chivilcoy, Alberti, Bragado, Nueve de Julio, Carlos Casares, Pehuajó, Trenque Lauquen y Santa Rosa. Sin embargo, el contrato no incluye la construcción de la autovía, una obra reclamada desde hace décadas debido a la elevada siniestralidad y al intenso tránsito que soporta el corredor.
La concesión tendrá una vigencia de 20 años y, según informó el Gobierno nacional, será financiada íntegramente con recursos privados. A cambio, la empresa explotará el sistema de peajes y asumirá las tareas de mantenimiento. Además de las cabinas ya existentes, se incorporarán dos nuevos puestos de cobro en Lonquimay y Gorostiaga, por lo que el recorrido entre Santa Rosa y Luján pasará de tener tres a cinco peajes.
La decisión volvió a instalar una pregunta que se repite desde hace años entre quienes transitan habitualmente la Ruta 5: ¿por qué se sigue cobrando cada vez más por una ruta que continúa siendo la misma? Mientras las obras estructurales siguen ausentes, miles de automovilistas, transportistas y productores deberán afrontar un mayor costo para circular por un camino que continúa siendo escenario de numerosos accidentes fatales.
El anuncio fue realizado por el ministro de Economía, Luis Caputo, quien destacó que el nuevo esquema permitirá que las empresas concesionarias operen y mantengan las rutas mediante inversión privada, sin aportes del Estado nacional. Sin embargo, en el oeste bonaerense el sentimiento predominante vuelve a ser el de una oportunidad perdida: otra concesión millonaria, más peajes y ninguna respuesta al histórico reclamo por una autovía segura para la región.



