Las bajas temperaturas de junio traen consigo el recuerdo de una costumbre que durante décadas formó parte del paisaje barrial de Nueve de Julio y de muchas localidades bonaerenses: las fogatas de San Juan y San Pedro.

Cada año, entre el 23 y el 29 de junio, niños, jóvenes y familias enteras se reunían alrededor de grandes fogones que se encendían en terrenos baldíos, esquinas o espacios abiertos de los barrios.
Días antes, los más chicos recorrían las calles juntando ramas, cajones, papeles y todo tipo de materiales combustibles para alimentar el fuego que se convertiría en el centro de una noche especial.
La tradición, de origen europeo y vinculada a celebraciones religiosas y populares, encontró durante generaciones una fuerte expresión en las comunidades del interior bonaerense.
En Nueve de Julio, quienes hoy superan los 40 o 50 años recuerdan aquellas jornadas como verdaderos acontecimientos barriales, donde el encuentro, los juegos y la vida comunitaria eran protagonistas.
Las fogatas de San Juan, realizadas en la noche del 23 al 24 de junio, y las de San Pedro y San Pablo, celebradas entre el 28 y el 29 de junio, marcaban una suerte de ritual colectivo para dar la bienvenida al invierno.
En torno al fuego se compartían charlas, mates, tortas fritas y anécdotas, mientras los más jóvenes disfrutaban de una experiencia que comenzaba varios días antes con la preparación de la fogata.
Con el paso de los años, la costumbre fue perdiendo presencia. Los cambios en los hábitos sociales, las mayores medidas de seguridad, las restricciones vinculadas al uso del fuego y la transformación de la vida barrial hicieron que estas celebraciones fueran desapareciendo gradualmente de la ciudad.
Hoy resulta imposible encontrar en Nueve de Julio una fogata de San Juan o de San Pedro organizada de manera espontánea por vecinos.
Tampoco son frecuentes las propuestas institucionales que permitan mantener viva esta tradición, algo que sí continúa ocurriendo en distintas ciudades del país, donde clubes, sociedades de fomento, parroquias o municipios impulsan encuentros comunitarios alrededor del fuego.
Sin embargo, el recuerdo permanece vivo en la memoria de muchos nuevejulienses. Para quienes fueron niños en otras épocas, las fogatas de junio forman parte de un tiempo en el que los barrios tenían una intensa vida comunitaria y donde una simple pila de ramas encendida en una esquina era capaz de reunir a generaciones enteras alrededor de una misma tradición.
Cada invierno, cuando llegan las fechas de San Juan y San Pedro, esa imagen vuelve a encenderse en la memoria colectiva, como una llama que resiste el paso del tiempo.



