La postal se repite y vuelve a generar bronca. En la punta de la rambla, en la esquina de Santa Fe y Garmendia, comenzó a formarse otra vez un basural a cielo abierto que crece día a día ante la mirada de todos.

Lo más preocupante no es solo la acumulación de residuos, sino el origen del problema: son los propios vecinos quienes, de manera irresponsable, arrojan basura en un espacio que no está habilitado para tal fin. Bolsas, restos y desechos de todo tipo se multiplican con el paso de las horas, alimentando un foco de suciedad que podría evitarse.
“No se puede ser más mugrientos”, se escucha entre quienes sí respetan las normas y ven cómo el lugar se degrada sin necesidad. La escena genera malestar y también expone una contradicción cada vez más evidente: muchas veces, quienes contribuyen a estos microbasurales son los mismos que luego reclaman por un servicio de recolección deficiente o por la falta de limpieza.
El punto en cuestión no es nuevo en este tipo de episodios. Cada cierto tiempo, el lugar vuelve a convertirse en un depósito improvisado, obligando a intervenciones que terminan siendo paliativas si no hay un cambio de conducta.



