El debate sobre la nocturnidad en la provincia de Buenos Aires volvió a encenderse con un proyecto que propone limitar horarios, reforzar controles y ordenar una actividad históricamente dispersa.

La iniciativa, impulsada por el diputado de Fuerza Patria, Carlos Puglelli, busca establecer un marco integral para la venta de alcohol, la actividad bailable y el esparcimiento nocturno. Entre los puntos más salientes, se plantea la creación de un registro obligatorio para locales y la prohibición de prácticas como la “barra libre”.
Pero el foco está puesto en los horarios. El texto fija que los boliches podrán admitir público hasta las 4 de la mañana y deberán cerrar a las 6, con márgenes mínimos de excepción. En tanto, los bares sin pista de baile tendrían como límite las 5.
La propuesta remite inevitablemente a la recordada “Ley Duhalde”, vigente a fines de los años 90, que buscó restringir la nocturnidad con el objetivo de reducir la violencia y el consumo problemático. Aquella normativa generó un fuerte rechazo social y fue finalmente derogada en 2001.
Hoy, más de dos décadas después, el intento de volver a ordenar la noche reabre una discusión que excede lo legal y se mete de lleno en lo cultural.
Porque si algo dejó aquella etapa, además del debate político, fue una marca generacional. Y como ironiza el estribillo de Kapanga en “El Mono Relojero”, la resistencia parece latente: “andate a dormir vos…”.



