18 julio 2026

Dos motociclistas hospitalizadas y el debate urgente por los perros sueltos

En menos de doce horas, dos mujeres sufrieron graves caídas tras incidentes vinculados a mascotas en la calle. Mientras una de las víctimas permanece con traumatismo de cráneo, la problemática de los animales sin supervisión vuelve al centro de la escena por el riesgo físico y económico que representa para los vecinos.

Imagen realizada con IA para ilustrar la noticia

La jornada de este miércoles se convirtió en un triste reflejo de un problema que parece no encontrar solución en 9 de Julio: la presencia de animales sueltos en la vía pública y sus consecuencias directas sobre la integridad de quienes circulan. El último de estos hechos ocurrió anoche, minutos después de las 19 horas en la calle Frondizi, entre Freire y Garmendia. Allí, María Laura D. G., de 46 años, circulaba a bordo de su motocicleta cuando un perro se le atravesó repentinamente en el camino, provocando un impacto inevitable. Producto de la caída, la mujer sufrió politraumatismos varios, debiendo ser asistida en el lugar y trasladada de urgencia al Hospital Julio de Vedia por una ambulancia de Clysa, con la intervención de la Policía Comunal.

Este siniestro no fue un hecho aislado, sino el segundo episodio de gravedad en el día de ayer. Por la mañana, cerca de las 9:30, la esquina de Garmendia y Gutiérrez fue escenario de un accidente de consecuencias aún más preocupantes. Una mujer de 51 años, patricia G.,  que se desplazaba en una motocicleta Corven 110 cayó pesadamente al asfalto tras una maniobra vinculada también a la presencia de canes, sufriendo un traumatismo de cráneo con pérdida de sangre. Al igual que en el caso de la tarde, la víctima fue derivada al hospital local por el servicio de emergencias, dejando una vez más en evidencia la vulnerabilidad de quienes utilizan rodados menores.

Más allá de los partes médicos, estos episodios reabren una herida abierta en la comunidad nuevejuliense: la falta de conciencia sobre la tenencia responsable. Un perro en la calle no es solo un riesgo para el propio animal, que termina lastimado o muerto bajo las ruedas de un vehículo, sino que se convierte en un agente de peligro que puede cambiarle la vida a una persona para siempre. En estos casos, las víctimas no solo enfrentan el dolor físico y posibles secuelas crónicas de salud, sino también la pérdida de horas de trabajo y el daño material de sus vehículos. Lo más grave es que, habitualmente, nadie se hace cargo de estas situaciones; los dueños de los animales parecen desaparecer ante la responsabilidad civil, dejando a los damnificados en un total estado de indefensión. Es imperativo que la sociedad comprenda que la vía pública no es lugar para mascotas sin cuidado, antes de que tengamos que lamentar consecuencias aún más irreversibles.