18 julio 2026

El clásico de la vuelta del perro y los mates en la Plaza

Hay escenas que no cambian, aunque pase el tiempo. En Nueve de Julio, el domingo a la tarde tiene una postal clásica: autos girando despacio alrededor de la plaza, saludos desde la ventanilla y, después, la parada obligada con el estacionamiento a 45 grados, mateando hasta que caiga la noche.

 

Es la “vuelta del perro”, una costumbre que viene de los abuelos y que sigue viva, adaptándose a cada época. Antes era simplemente dar vueltas, mirar y encontrarse. Después llegaron los mates, las tortas caseras, los girasoles y las largas charlas apoyados en el auto.

Hoy la tradición sigue, pero con nuevos detalles. Mates gourmets, yerbas especiales, termos que parecen de otro planeta, la clásica “montañita” bien armada y hasta parlantes a batería que le ponen música a la tarde. Los más chicos suman la pelota, las risas y ese movimiento constante que le da vida a la plaza.

En el fondo, la esencia es la misma: juntarse sin gastar demasiado, estirar el mate y compartir. En tiempos donde la nafta duele y salir cuesta, esta costumbre se resignifica como un plan simple, accesible y, sobre todo, propio.

Porque más que una vuelta, es un ritual. Uno que no necesita mucho para sostenerse: un auto, un mate… y ganas de estar. Y es además un ritual raro: porque mientras uno vive en la ciudad es una rutina que de alguna manera intenta reducir el bajón dominguero, pero cuando uno se va de la misma por estudios, trabajo o situaciones familiares, se extraña. Un sabor agridulce, pero bien nuevejuliense.