9 agosto 2022

Las perras terapeutas que asisten a niños con autismo en La Plata

Lucía, Valentina y Adriana formaron un equipo interdisciplinario y entrenaron a sus perras para asistir a niños con autismo en La Plata. Conocé su historia.

Lucía Sierra es psicóloga, egresada de la Universidad Nacional de La Plata y oriunda de Neuquén; Adriana Castro y Valentina Pelli son terapistas ocupaciones nacidas en La Plata, graduadas en la Universidad de Quilmes. Las tres entrenaron a sus perras, Uma, Nala y Charo, para asistir a niños con Trastornos del Espectro Autista (TEA).

Las profesionales se conocieron en 2016, realizando un curso introductorio para el trabajo de intervenciones terapéuticas con perros. Gracias a esta formación, se interesaron en el tema y lo investigaron en profundidad. Tras ello, comenzaron a trabajar con los perros y, hace cinco años, formaron Meraki, su actual equipo de trabajo situado en la ciudad de La Plata.

Cada mini equipo, el perro y su guía, se denomina binomio. Lucía es la dueña de Uma, Valentina la de Nala y Adriana la de Charo. Previamente, las tres entrenaron a sus perras para que se encuentren capacitadas para asistir a niños y adultos con distintas discapacidades. En primer lugar, recibieron asistencia de un veterinario etólogo y una adiestradora, quienes les dieron las instrucciones para iniciar el proceso.

"Desde que son cachorras fueron entrenadas. Se las selecciona y, al principio, se realiza más una estimulación que un entrenamiento. Por ejemplo, se las hace caminar por un piso con diferentes texturas, entre otras cosas", contó Valentina en diálogo con INFOCIELO.

A pesar de que Uma y Nala sean unas Golden Retriever, según las especialistas la raza no es relevante. De hecho Charo es mestiza. Sin embargo, los perros seleccionados deben cumplir con ciertas características para trabajar en un equipo terapéutico.

Estos perros deben ser equilibrados y sociables, sobre todo teniendo en cuenta que están permanentemente en contacto con personas y olores distintos. A su vez, se tienen adaptar a cualquier ambiente, ya que pueden trabajar dentro del consultorio, en un lugar muy grande o pequeño, o en domicilios, donde puede haber otros animales.

¿CÓMO FUNCIONAN LAS TERAPIAS?
Aunque la mayoría de sus pacientes son niños con TEA, las intervenciones terapéuticas con perros son para personas de todas las edades y con cualquier tipo de discapacidad. Cualquier persona puede acceder al tratamiento, salvo que padezca algún problema respiratorio o contraindicación médica.

"Hemos trabajado en una clínica neuropsiquiátrica de adultos, en un centro de día y en un taller protegido, donde fuimos a hacer alguna actividad recreativa. Es amplio. Pero según la necesidad de los pacientes es lo que trabajamos", comentó Valentina.

"De hecho en el consultorio llegaron casos de niños con miedo a los perros que les dificultaba ir a la plaza, ir a la casa de alguien que tenga un perro o ir a cumpleaños. Luego de seis meses de tratamiento, la mamá de una nena nos mandó un video de ella jugando su perro, cuando antes ni se podía acercar", agregó Lucía.

El principal aporte que realizan los perros a las terapias es la espontaneidad. Gracias a su participación, los niños pueden adquirir habilidades sociales que les son más difíciles aprender mediante los humanos.

"Obviamente al niño le tiene que llamar la atención y le tiene que gustar. A un niño con miedo no le vamos a poner el perro, o a un niño que no pueda registrar al perro no le va a ayudar mucho. Si los ayuda más cuando aparece el interés al perro, ahí está la motivación y las ganas de participar", aclaró Valentina.

"Trabajamos en la Fundación E.I.C.E de forma grupal con adolescentes y preadolescentes y con ellos laburamos mucho la empatía. Por ejemplo, un día el perro puede ir desganado y les decimos: 'Charo hoy no tiene ganas de venir: ¿Por qué te parece a vos que no tiene ganas de venir?' La idea es que puedan pensar en un otro, proyectarlo en su vida cotidiana y eso es gracias a la espontaneidad del mismo perro", explicó Lucía.