5 agosto 2021

LOS PERJUICIOS DE LA IMPACIENCIA

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Jueves 31 de marzo de 2016.

Tal vez mientras esperamos un ómnibus que llegaba con retraso, o cuando un bebé no dejaba de llorar (y nada lograba traquilizarlo), o quizás aquel día que esperamos durante lo que pareció una eternidad en la fila del supermercado.
Lo cierto es que aprender a esperar no siempre resulta fácil. Pero hacerlo es importante, incluso para la salud.
Cuando nos impacientamos, sentimos frustración y aumentan los niveles de estrés y adrenalina.
Pero existen otros peligros vinculados a la falta de paciencia que, al menos a primera vista, no resultan tan evidentes.

1. Obesidad
Las personas impacientes tienen más posibilidades de padecer obesidad.
Expertos han señalado que las personas impacientes tienen más probabilidades de ser obesas que aquellas que saben esperar, pues suelen alimentarse peor y consumir mayores cantidades de comida rápida, sobre todo cuando tienen fácil acceso a ella.

2. Hipertensión
Cuando nos impacientamos, aumenta nuestro nivel de estrés y también la presión arterial.
La Asociación Médica Estadounidense (JAMA, por sus siglas en inglés) incluye la impaciencia como un factor de riesgo de la hipertensión, incluso entre adultos jóvenes.
Un estudio, llevado a cabo por especialistas de la Escuela Feinberg de Medicina de la Universidad Northwestern de Chicago, reflejó que el tipo de personalidad A (aquel que corresponde a personas impacientes y hostiles) tiene un 84% más de riesgo de sufrir hipertensión, en comparación con quienes tienen un carácter más calmado, después de analizar más de 3.300 casos a lo largo de 15 años.
3. Envejecimiento
Por último, un estudio de la Universidad Nacional de Singapur y de las universidades norteamericanas de Berkeley y Pensilvania, recientemente publicado en Proceeding of the National Academy of Science, reveló que ser impaciente también puede acelerar el envejecimiento.
Una mirada diferente sobre lo que significa envejecer
Y es que los telómeros (extremos de los cromosomas del ADN) son más cortos en las personas impacientes.
Estas estructuras, que protegen al ADN de su degradación, están asociadas a la longevidad, y los científicos creen que cuanto más rápido desaparecen, antes envejecemos.
Según los investigadores (que sólo observaron este fenómeno en las mujeres) falta por averiguar si es la impaciencia la que acelera el envejecimiento o si, por el contrario, las personas con telómeros más cortos "saben", de alguna forma, que van a envejecer antes y desarrollan un carácer más impaciente.
Al fin y al cabo, tal y como recuerda el saber popular, puede que la paciencia sea "la madre de todas las ciencias".