20 octubre 2021

Cultivos: LA INVESTIGACION NO DESCANSA

En Santa Fe, Raquel Chan encabeza el equipo que logró la soja tolerante a la sequía.  Ahora, investiga nuevas tecnologías para lograr cultivos que aguanten anegamientos y produzcan mayor biomasa.
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Hay un lugar de la ciudad de Santa Fe en el que todavía es verano. Es el invernáculo del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral (IAL), junto a la laguna Setúbal (en la cuenca del río Paraná), en donde la temperatura oscila durante el día entre los 26° y los 32°, la humedad está controlada y hay un complejo sistema lumínico que simula 16 horas de radiación “solar”. El objetivo es imitar el clima de la campaña gruesa para estudiar como responden los cultivos de verano a las técnicas de mejoramiento biotecnológico que se están investigando.
La directora del IAL es la Dra. Raquel Chan (investigadora del Conicet y docente de la Universidad Nacional del Litoral), quien lideró el equipo que desarrolló la tecnología HB4, que le confiere a los cultivos tolerancia a sequía.
Pero mientras la tecnología HB4 recorre la etapa final para convertirse en un producto comercial que se pueda sembrar en los lotes, en el IAL ya están avanzados algunos desarrollos biotecnológicos que podrían lograr que los cultivos “aguanten” mejor los anegamientos, el estrés hídrico y produzcan más biomasa.
“Si bien la tecnología HB4 es muy buena, no nos podíamos quedar ahí. Necesitamos seguir investigando para lograr mayor tolerancia a condiciones de estrés y nuevas tecnologías que permitan aumentar la producción de alimentos y energía”, explicó Chan, quien guió a Clarín Rural por las modernas cámaras de cultivo y los laboratorios del IAL, que se inauguró en junio del año pasado y en donde trabajan unos 50 científicos y becarios.
Con este desafío en la mira, los investigadores del IAL están enfocados en desarrollar tecnologías que incrementen la biomasa (más materia verde, más semillas, más rinde) en soja, maíz y arroz, y que también toleren condiciones de estrés hídrico, anegamiento y salinidad. “Son nuevas líneas que logran respuestas mayores o distintas en los mecanismos de tolerancia a sequía, anegamiento y en la producción de biomasa”, destacó.
Una de ellas, que ya están patentada, se llama HB11 y en los ensayos en la planta modelo (Akabidopsis Thaliana) demostró que se banca mejor un anegamiento de 20 centímetros durante varios días -un escenario que se dio esta última campaña- y la falta de agua. Es una tecnología ideal para sembrar en zonas bajas e inundables, pero lo interesante es que con un clima normal y sin encharcamiento en el lote duplicó la producción de biomasa, en comparación con la planta original.
Con esta nueva tecnología (HB11), además, la producción de biomasa es mayor en la planta modelo -el doble de rinde- lo que da una idea del potencial de este evento. “Trabajar en mejorar la tolerancia al estrés hídrico es fundamental porque es el factor que causa el 50% de las pérdidas en los cultivos. Es el más grave, después vienen las plagas, las enfermedades y las heladas”, explicó Chan.
Habrá que seguir de cerca la evolución de estas innovaciones biotecnológicas, sobre todo si se tiene en cuenta el precedente de lo que se logró con la tecnología HB4, pero el camino es largo. En promedio, pasan 8 años desde que se patenta una tecnología hasta que se convierte en un producto comercial. Además, es un proceso que requiere una inversión millonaria para los ensayos a campo y la aprobación de las regulaciones.
Lo bueno es que la nueva infraestructura del IAL permite investigar el potencial de estos genes en cultivos de interés agronómico. Es un paso importante, que consolida el futuro del polo biotecnológico que crece en Santa Fe.