27 octubre 2021

En un hospital publico: PRÓTESIS QUE DAN VIDA

Martes, 26 de mayo de 2015.
Un joven jujeño de 25 años que perdió ambos brazos se alojó durante una semana en el hospital provincial El Dique de Ensenada, donde un equipo de médicos y expertos en ortesis le confeccionan dos prótesis para que pueda recobrar parte de su autonomía perdida por un accidente laboral.
Tolaba 1
A Rodrigo Tolaba, albañil, casado y padre de dos hijos, le habían presupuestado más de 700 mil pesos para acceder a las prótesis.
“Desde el año pasado, por iniciativa del gobernador Daniel Scioli, desarrollamos un programa de ortesis en el hospital El Dique, que cuenta con un equipo especializado en la confección de prótesis para personas que no cuentan con cobertura de obra social”, explicó el ministro de Salud, Alejandro Collia. A Rodrigo lo amputaron en el Hospital del Quemado de la Ciudad de Buenos Aires unos centímetros por debajo de los codos. Son muchas las cosas que no se pueden hacer sin los antebrazos: comer, beber, bañarse, vestirse, ir al baño, casi todo es imposible sin ayuda. Se sobrepone y confía en que el equipo médico, conformado por Germán Tovar, Miriam Sánchez y Patricia Nucettelli, le devolverá algo de todo eso.
En el Hospital El Dique, un centro de la Provincia especializado en rehabilitación, los médicos ya lo vieron varias veces, y este sábado volvió a Tilcara con los primeros equipos pre-protésicos para entrenar.
En un par de meses, Rodrigo tendrá las prótesis definitivas: un brazo derecho mioeléctrico, similar por forma y color a un brazo humano, y una prótesis izquierda mecánica. Con la prótesis derecha podrá tomar y soltar objetos y hasta rotar la “muñeca”. Del lado izquierdo, le colocarán una prótesis mecánica sostenida por un arnés. Con el movimiento del hombro le podrá dar movimiento para asir y sostener lo que precise.
El 12 de junio del año pasado se levantó entusiasmado. Empezaba el Mundial, así que fue a trabajar motivado. Con su patrón y otros tres obreros ultimaban los detalles de una casa que les había dado un año de trabajo. A las cinco de la tarde esperaban estar frente al televisor, pendientes de Brasil versus Croacia. Pero eso nunca pasó.
Alrededor de las cuatro de la tarde, Rodrigo amuraba una rejilla en el exterior de la vivienda. Un viento caliente empujó una de las escaleras metálicas que estaba apoyada en una pared y se enredó en unos cables de alta tensión.
Sintió el ruido y dio media vuelta. Supone que extendió los brazos para frenar la escalera que se le venía encima pero no se acuerda: “no sé qué pasó porque ahí me desmayé, me electrocuté y me desmayé, se me puso todo negro y no me acuerdo más nada”.