22 octubre 2021

“JUGUEMOS” AL FUTBOL

El pasado fin de semana largo, más concretamente el día viernes, se disputó un nuevo “Campeonatito” –como se los suele denominar- de fútbol preinfantil, que incluye a los chiquitos nacidos entre los años 2003 y 2010, en el estadio “Santiago Noé Baztarrica” del Club Atlético San Martín, y que fue el segundo en lo que va del corto lapso del calendario transcurrido.
Si bien no se trata de una novedad, estos certámenes siempre entregan sorpresas (gratas, por cierto) para aquellos papás que incorporan a sus hijos a las filas de las distintas instituciones deportivas de la ciudad y el partido que participan de los mismos.
Con mayor o menor “experiencia” en la materia, las sensaciones se repiten en todos: la sorpresa es muy grande al ver la alegría de los pequeños futuros futbolistas (o no) al calzarse las camisetitas de los Clubes que están empezando a amar –por más que en algunos casos estas se conviertan en verdaderos “camisones” que hasta le imposibilitan sus movimientos-; la “caballerosidad” deportiva inculcada por los “Profes”, que los alientan a ser solidarios con quienes hacen su debut, a respetar las y hasta estrechar las manos con sus rivales al término de cada partido.
A estas imágenes, lamentablemente cada vez más infrecuentes en el fútbol nuestro –cualquiera sea su nivel o categoría-, se suma un clima familiar digno de ver.
Todos van en apoyo del futuro ídolo y salvo casos excepcionales que lamentablemente siempre ocurren, las “presiones” y los gritos de “corré más”, “jugá más”, “andá más” o “marcá más” son cada vez más infrecuentes y todo puede resumirse en apoyo, acompañamiento, aliento…
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En definitiva, se percibe un sentimiento lúdico muy fuerte, desaparecido desde hace mucho tiempo en categorías superiores, e incluso las inmediatamente posteriores a la de los pequeñines, donde ya cuentan a jugar los resultados, en definitiva las “presiones”.
Desde un seguramente temprano despertar en el día de su gran evento, los chicos transmiten esa alegría a su entorno familiar, mezcla de ansiedad y deseo de ser protagonista, pero sabiendo también que lo son los amiguitos y los desconocidos en una fiesta que invita a creer que no todo está perdido en el fútbol; y lo que es más gratificante aún, en nuestros procederes en la vida misma.
Se dice por ahí que a la hora de repasar aspectos de nuestras acciones siempre es mejor retornar a los orígenes, y este es un buen ejemplo de la efectividad de la recomendación.
Los chicos –o bien el reflejo de nosotros mismos de los tiempos que se vivían con plena inocencia e inconciencia; pero con pleno disfrute del mundo que nos rodea- es una gran invitación a renovar el espíritu y a volver a disfrutar de un fútbol sano y de los mejores valores.